¿Cómo ganarse el respeto de un perro?

Laura · 3 enero, 2018
Tratar a un can con lenguaje verbal 'violento' es ineficaz, así que te recomendamos el refuerzo positivo mediante premios; sí, hay que ser firmes, pero justos al mismo tiempo con nuestra mascota

El perro fue el primer animal en ser domesticado. Esto quiere decir que la historia filogenética de nuestros compañeros favoritos se ha construido a partir de milenios de fidelidad y lealtad.

Sin embargo, un perro no es un autómata. Es un animal social que convive en manada y sabe quién es el ‘alfa’, es decir, quién merece su respeto y su lealtad. A continuación, te damos algunas claves para ganarse el respeto de un perro.

Evita a toda costa el refuerzo negativo violento

Las teorías educativas llevan medio siglo diciéndonos que el camino para conseguir el aprendizaje es el refuerzo positivo, y esto no iba a ser distinto en el adiestramiento. El mejor medio para conseguir que alguien aprenda, es premiar lo que hace bien.

Consejos para ganar el respeto de un perro

Si chillamos a nuestro perro, si le hablamos pretendiendo que entienda frases complejas, si le pegamos… Lo único que va a entender es que hay caos, que hay estrés, que algo no funciona. Incluso puede entender que la jerarquía de la manda está mal y ser contraproducente para nuestros objetivos.

Jamás nos ganaremos el respeto de un perro con violencia.

Delimita los espacios

Cuando un perro llega a un sitio nuevo, pongamos su nueva casa, hay que dejar muy claro qué espacios son suyos y cuáles no. Si no queremos que suba al sofá, o no consentimos que se asome a la mesa, debemos ser contundentes. Esto se consigue con una orden directa, con un tono firme y sin atisbo de duda; por ejemplo, la palabra ‘¡abajo!’.

Pasos para ganar el respeto de un perro

Al principio, el can no va a entender que ‘abajo’ significa ‘baja’, pero con tiempo, determinación y sin miedo, bajará del sofá. Ese es el momento de premiar el comportamiento con una chuche o una caricia.

No acudas a él, que sea él quien acuda

Si somos nosotros quienes vamos hasta él para complacerle y hacerle caricias o darle alimento, el perro entenderá que somos sus siervos; que él es quien manda y que eres tú quien entra en su espacio.

Del mismo modo, tampoco debemos premiar su ansiedad ni su agresividad. Si por ejemplo un cachorro aprende que cada vez que se pone nervioso lo calmamos con caricias, cuando crezca será un perro que entenderá la ansiedad como algo positivo, y adoptará conductas disruptivas.

Por lo tanto, cada vez que vayas a alimentarle, te apetezca jugar o acariciar al perro para premiarle, haz que vaya hasta ti. Con este gesto conseguiremos que nuestra mascota tenga un refuerzo positivo cada vez que acude a su llamada y, a la vez, comprenda quién manda.

Sé tú quien marca las normas

Es natural que nuestra mascota, después de horas encerrado en casa quiera ser el primero en salir a la calle. Que se deje llevar por olores, o que quiera explorar, es lo más normal del mundo. Sin embargo, debemos ser nosotros quienes decidamos por dónde dar el paseo y también debemos ser nosotros quienes marquemos el ritmo.

Del mismo modo, hay que asegurarse de que cada vez que se inicie un juego, ya sea de buscar y perseguir o de cualquier otra índole, seamos nosotros quienes empecemos y terminemos la actividad.  Del mismo modo, debemos evitar cualquier agresión por su parte, ya sea a modo de ladrido o de manera física como mordeduras.

En definitiva, si le enseñas órdenes claras, si te muestras firme y calmado, si aprovechas el refuerzo positivo para recompensar las conductas adecuadas, tendrás al compañero más leal del mundo a tu lado.