Desde que te marchaste …

Virginia Duque Mirón · 4 septiembre, 2016

Perder a una mascota en la muerte puede ser uno de los momentos más duros en la vida de una persona. Quizá aquellos que no tengan una no pueden entenderlo, pero un animal de compañía llega a formar parte de la familia desde el primer momento que cruza la puerta. Aquellos que pierden una no dejan de pensar: “Cómo ha cambiado todo desde que te marchaste…”.

Es una pérdida como otra cualquiera, y aquellos que la pasan la viven de diferentes maneras o intentan superarla de distintas formas. Hoy queremos compartir contigo una carta de una de esas personas que perdió a su mascota y los sentimientos que este suceso ha despertado en ella. Quizá te sientas identificado…

Desde que te marchaste no dejo de pensar…

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Desde que te marchaste, mi fiel amigo, mi leal compañero, mi silencioso confidente, la casa está llena de un silencio tan aterrador que me ensordece.

Cada día cuando llego, abro la puerta despacio para tener cuidado de no darte en tu carita con ella, entonces recuerdo que no estás… Cada mañana al despertar, te silbo, buscándote y esperando que me des los buenos días. Entonces despierto por completo y recuerdo que ya no estás.

Ese puf que tanto te gustaba está vacío, ahora me parece tan feo y triste, tan poco armonioso con la decoración, porque si algo lo hacía bello, si algo lo hacía especial, eras tú, tenerte a ti sobre él.

Miro tu cama y tus comederos, aún no he tenido el valor de quitarlos, y pongo comida y agua en ellos para dejar brillar un leve rayo de esperanza de que aún volverás. Sé que no es posible, y espero que si pudieras me volvieras a escoger como tu dueño, porque yo te escogería una y mil veces.

Desde que te marchaste, no me apetece nada más que sentarme en el sofá mirando al vacío mientras dejo fluir los recuerdos que formamos juntos, nuestros recuerdos, lo único que me queda de ti, pero algo que nada ni nadie jamás me podrán arrebatar.

Nunca fui amante de las fotos, ¡pero cuánto me alegro haberme tomado algunas contigo! no quiero olvidarte, quiero que tu carita siempre venga a mi mente cuando pienso en ti y sé que las fotos me ayudarán a ello. Aunque, ¿cómo olvidarte si fuiste una parte tan importante de mi vida? Supongo que desde que te marchaste solo estoy lleno de miedos…

Desde que te marchaste, sigo mirando tu champú, tu toalla, tu colonia… Esa colonia que siempre te hacía estornudar y correr como un loco. La primera vez que te vi pensé que estabas poseído. ¡Cuántas risas tuvimos juntos! ¡Cuánto me hiciste reír! Desde que te marchaste apenas sonrío, supongo que será cuestión de tiempo, pero tú eras uno de los motivos de mi risa, uno de los motivos de mi alegría, una de las alegría de mi vida.

Desde que te marchaste, cada vez que paseo cerca de nuestro parque no puedo evitar recordarte. Cuando bajo a tirar la basura, siempre querías acompañarme, y ahora, hasta en eso te recuerdo. Pasar por el veterinario es tener malos recuerdos porque allí tuve que dejarte, pero también recuerdo la primera vez que fuimos juntos.

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Cuando te vacunaron tenías tanto miedo, temblabas y yo quería consolarte, ser tu mamá y tu papá a la vez, tu alivio, tu consuelo y tu ayuda. ¡Qué bonito salías cada vez que te cortaban el pelo y te peinaban! Siempre te decía que parecías una nube de algodón y quería achucharte, pero eso no te gustaba mucho.

Desde que te marchaste, no puedo ni quiero dejar de recordarte, no quiero olvidarte y todo lo que hago es pensar en nuestros momentos vividos para intentar tapar el recuerdo amargo de nuestra última despedida. Desde que te marchaste, todo es diferente y sé que volveré a sonreír porque la amistad que tuvimos nos valió la pena, valió la alegría, y sé que mi sonrisa será mi mejor regalo para ti allá donde estés.