El aristocrático Chin japonés

Aitana Bellido · 29 noviembre, 2017

Esta pequeña y aristocrática raza hará las delicias de los amantes de los perros en miniatura. La inteligencia y porte del Chin japonés hacen de este un perro de compañía ideal, aunque su precio no está al alcance de todos los bolsillos.

El noble origen del Chin japonés

La historia de este ejemplar comienza en Asia. En el año 732 los soberanos coreanos obsequiaron a la corte japonesa con unos ancestros del Chin que conocemos hoy. Además, existen registros que señalan que otros ejemplares se enviaron a China.

Durante el reinado de Tsunayoshi Tokugawa (1689-1709) se crió al Chin japonés como ‘perro de juguete’ en el Castillo de Edo, en Japón. La raza llegó a Inglaterra en 1613 gracias a un capitán británico; en 1853 llegaría a los Estados Unidos. De hecho, dos de los ejemplares que llegaron a las costas estadounidenses fueron obsequiadas a la Reina Victoria de Inglaterra.

Desde 1868 el Chin japonés ha sido habitual como perro de compañía en círculos de alta alcurnia. En la actualidad, es un perro de compañía más que se adapta especialmente bien a las familias.

Características y morfología

Estamos ante un perro de talla pequeña y abundante pelo. Presenta una región facial ancha que, junto a su pelaje, le confiere un aspecto distinguido. La Federación Cinológica Internacional lo posiciona en el grupo 9 de perros de compañía. 

El lomo del Chin japonés es amplio y ligeramente arqueado. En cuanto a proporciones, suele medir en torno a 25 y 25 centímetros de alto y su peso varía entre 1,8 y 3,2 kilos. Como es habitual, las hembras tienden a ser más pequeñas y ligeras que los machos.

Su manto es suave, largo y sedoso. Con la excepción de la cara, está cubierto completamente de esa mata de pelo liso que tanto le caracteriza. En cuello, orejas, muslos y cola aparece en forma de abundantes flecos.

En cuanto al color, los estándares de raza dictan que debe ser blanco con manchas negras, que lo más normal es que estén diseminadas de forma simétrica alrededor de los ojos y las orejas, así como por el resto del cuerpo. La trufa o nariz debe ser corta y ancha, y en consonancia con el color del manto.

Cara de un perro chin japones
Fuente: LostinTexas

Hogar ideal para el Chin japonés

Siglos de entrenamiento como animal de compañía han permitido que este inteligente animal adquiera un carácter dulce y complaciente. Como perro familiar es ideal, ya que disfruta de la compañía de los niños, pero debemos tener en cuenta que esta raza no soporta muy bien la soledad.

Una de las ventajas de tener un perro pequeño es que no necesita hacer demasiado ejercicio, y es que una hora de ejercicio diaria, esparcida en diferentes paseos, será suficiente para agotar a nuestra mascota. Su carácter afable no tolera muy bien la disciplina, así que esta raza se limita a ser utilizada como animal de compañía.

El Chin japonés encaja bien en familias que no tienen una casa demasiado grande, pero que pueden pasar tiempo con él. Los niños pequeños pueden ser un problema ya que, debido a su reducido tamaño, pueden sufrir daños accidentales.

Mantenimiento y cuidados

Dado su abundante y sedoso pelo, esta raza requiere un concienzudo cepillado dos o tres veces por semana. Se recomienda utilizar un cepillo de cerdas duras y acicalar especialmente la zona de las orejas, donde es habitual que se formen nudos. Un baño periódicamente también ayudará al mantenimiento de su pelo.

Debido a la forma de su cabeza debemos tener en cuenta que el Chin japonés está más expuesto en la zona de los ojos. Una limpieza regular de ojos y oídos puede ayudar a mantener a raya las infecciones y, ante cualquier anomalía, debemos consultar con el veterinario.

Por último, las enfermedades más comunes son la queratoconjuntivitis seca y la luxación de panela, si bien su corto hocico también puede ocasionar problemas respiratorios.

Fuente de las imágenes: Arnaud 25 y LostinTexas.