10 lecciones de vida que podemos aprender de los perros

Alba Muñiz · 3 agosto, 2015

¿Te pusiste a pensar todo lo que podemos aprender de los perros? Nos preocupamos por adiestrar y socializar a nuestras mascotas. Nos dicen que nos mostremos como jefes de sus manadas y desde allí les requiramos obediencia.

Esto no debería ser obstáculo para detenernos a reflexionar sobre lo que estos fieles animales tienen que enseñarnos.

Permitámonos aprender de los perros

A veces vamos tan apurados para llegar quién sabe adónde que perdemos de vista infinidad de detalles y sutilezas que podrían enriquecer sustancialmente nuestra existencia.

Entre las cosas que nos pasan desapercibidas, seguramente están muchas actitudes y conductas de nuestro perro, que quizá nos ayudarían a encarar la vida de otra manera.

Te contamos solo algunas y dejamos abierta la lista para que tú agregues otras lecciones que te brinda tu mascota a diario.

 Demostrar cuánto nos importa alguien

abrazo persona perro

Cuando regresas a casa tu perro no puede dejar de manifestar la alegría que siente de verte otra vez. Es espontáneo y no se reprime. A los humanos nos cuesta mucho más expresar nuestros sentimientos. Ya es hora de empezar a quitarnos esa autolimitación.

Ser leales

Los canes siempre son destacados por la fidelidad que muestran a sus dueños, siendo capaces de hasta exponer su vida para cuidar a todos y cada uno de los miembros de la familia. Pero,  sin llegar a estos extremos, sabemos que siempre contamos con su lealtad, en las buenas y en las malas.

¿Cuántas veces somos capaces de replicar esta conducta, inclusive con nuestro perro?

Estar alertas

Con su oído y con su olfato excepcionales nuestros peludos amigos pueden llegar a sortear peligros varios. Lejos de lograr desarrollar esos sentidos al mismo nivel, podemos empeñarnos en estar atentos a nuestro entorno no solo para prevenir situaciones, sino para percibir qué puede estar pasándoles a los seres que nos rodean.

Tomarnos el tiempo necesario para descansar

Los perros duermen todo lo que necesitan dormir. No fuerzan la máquina como solemos hacer los humanos. Darle al cuerpo y al cerebro el descanso debido seguramente nos abrirá un abanico de posibilidades desconocidas para enfrentar el día a día y llegar mucho más lejos de lo que creíamos.

No perder la capacidad de juego

Ya sea un cachorro, un animal joven o uno que ya pueda ser considerado un adulto mayor, los perros son animales que siempre están dispuestos a jugar y divertirse. Usa su ejemplo para sacar al niño que llevas adentro y atrévete a seguir jugando cada día de tu existencia.

Ejercitarnos, pasear, disfrutar del aire libre

Lo que tu perro espera a diario con anhelo, para ti puede ser una obligación. Aprende entonces, como él, a disfrutar de los paseos, las caminatas y los juegos al aire libre. Desconecta un poco de la locura cotidiana.

Aunque no lo creas, es posible, y seguramente volverás a tu casa con renovadas energías y mucho menos estrés.

Saber perdonar y no guardar rencor

Autor: Stella Maris
Autor: Stella Maris

Si bien nuestros queridos peludos pueden enojarse y demostrar su enfado con nosotros, nos perdonan rápidamente. Y no nos guardan rencor.

Dejando de lado cuestiones decididamente imperdonables, sería bueno que aprendiéramos a no enroscarnos en el rencor de situaciones que pueden superarse con un poco de buena predisposición y aprendiéramos a perdonar y a perdonarnos.

Dejar que nos cuiden

A muchos humanos nos resulta fácil mostrarnos fuertes y protectores pero nos cuesta permitir que otros nos cuiden, quizá porque suponemos que así nos verán vulnerables. Sé un poquito más perro en la vida y deja que, de vez en cuando, te mimen, te alimenten y te saquen a pasear.

No discriminar

Un perro no se fija en si eres lindo o feo, joven o viejo, rico o pobre, sano o enfermo, blanco o negro. Si lo quieres y lo cuidas, te querrá y te será fiel sin importarle tu raza o condición. Sería genial que las personas pudiéramos evitar las barreras que nos autoimponemos para separarnos de los otros.

Ladrar pero no morder

Perro que ladra no muerde, dice el refrán. Aprendamos pues a mostrar nuestro punto de vista con firmeza. Incluso a enojarnos si es necesario. Pero sin llegar nunca a la violencia.

La vida es un ida y vuelta constante. Entonces, no desperdiciemos la oportunidad que nos brinda de poder aprender de los perros lo mucho que tienen para enseñarnos.