¿Cómo es un perro dominante o líder?

El can dominante no es el más violento, ni el más agresivo, ni tampoco el que mantiene aterrorizado a su grupo; sino el que consigue recursos de valor haciendo uso de su actitud, no de la violencia
¿Cómo es un perro dominante o líder?
Francisco María García

Escrito y verificado por el abogado Francisco María García.

Última actualización: 12 junio, 2022

Vivir en armonía y evitar los conflictos es el funcionamiento normal de la naturaleza, y es que en el mundo animal existen controles para mantener el equilibrio dentro de los grupos. Esto mismo ocurre en los perros, lo cuales tienden a mantener el sentido de pertenencia a una manda y son guiados por un perro (o humano) dominante o líder.

El liderazgo, la dominancia o la sumisión son conceptos que podemos escuchar sobre nuestros perros. ¿Sabemos cómo es un perro dominante? ¿En qué puede sernos útil saberlo? Conócelo a continuación.

¿Cómo son los perros dominantes?

En primer lugar, debemos conocer qué significa que un perro sea dominante… O quizá entender lo que no es. El perro dominante no es el más violento, ni el más agresivo, ni tampoco el que mantiene aterrorizado a su grupo.

El can dominante es aquel que consigue recursos de valor. En la naturaleza, esto significa comida o refugio, por ejemplo, mientras que en casa puede ser un juguete o un lugar preferido. Esto lo logra haciendo uso de su actitud, no la violencia.

La dominancia es un elemento de control para mantener el correcto funcionamiento de grupos de individuos. El perro dominante tiende a liderar al grupo en el que convive, por lo que es importante conocer cómo se comportan usualmente.

Educar a un perro dominante

Claves para reconocer cómo es un perro dominante

Un perro dominante podría presentar algunos de estos comportamientos:

  • Gruñe para imponerse ante ciertas situaciones, como a la hora de reclamar comida u objetos.
  • Intenta tomar la comida de las manos de las personas antes de que se la den.
  • Insiste en que sus dueños jueguen con ellos.
  • Se echa sobre las personas, les salta encima o monta sus patas sobre ellas frecuentemente.
  • Asume actitudes de defensa de su dueño.
  • Empuja a la gente al caminar o jugar.
  • Sostiene la mirada ante los humanos.
  • Se apropia de la cama de sus dueños y se molesta si se le saca de allí.
  • Le ladra o aúlla a las personas, sobre todo si está con su amo.
  • Se adueña de ciertos lugares o muebles de la casa.
  • Insiste en salir o entrar por las puertas antes que sus dueños, o camina delante de ellos.
  • No le gusta que le coloquen la correa para caminar.
  • Es el primero en llegar a la puerta si llega un extraño a la casa.
  • No obedece órdenes.
  • Va delante en el paseo y tira de la correa para dirigirlo.

¿Cómo se puede corregir a un perro dominante?

En algunos casos, el perro podría presentar un comportamiento dominante poco marcado que no represente un riesgo para los tutores. Sin embargo, existen algunos ejemplares que se imponen incluso sobre las decisiones de los humanos, de manera que se vuelve peligroso convivir con ellos por la gran agresividad y renuencia que exhiben.

Para corregir a un perro dominante se suelen optar por 3 opciones: adiestramiento, terapia farmacológica y castración. Por lo común, la mayoría de los tutores eligen al adiestramiento como la solución más sencilla, aunque todo depende del grado de dominancia que presente la mascota.

El adiestramiento consiste en una serie de costumbres y acciones cotidianas que le ayudan a entender al can su posición en la jerarquía. Dicho proceso debe ser mediado y establecido por un etólogo canino. Los resultados no son inmediatos, pues la mayoría de los perros dominantes han vivido casi toda su vida de esta forma. Sin embargo, con voluntad y paciencia la relación entre la familia y la mascota mejorará.

La terapia farmacológica y la castración tienden a usarse como métodos auxiliares para el adiestramiento en los casos más difíciles. Esto se debe a que ocasionan cambios drásticos en el comportamiento de la mascota, de manera que los vuelve dóciles casi de inmediato. De esta manera, el adiestramiento se realiza con mayor seguridad y facilidad para la familia.

El entrenamiento de un perro dominante

Para adiestrar correctamente a nuestra mascota es necesario conocer bien sus características. El grado de dominancia es una pieza clave para establecer las pautas de entrenamiento.

Perros dominantes

La dominancia y la sumisión dentro de los grupos caninos son saludables, pues sirven para controlar y equilibrar las relaciones en sociedad. Cuando se trata de la convivencia con humanos, hay que enseñarle al perro que en el grupo familiar no tendrá que defender o pelear por los recursos. Por el contrario, los tutores serán los encargados de protegerlo y cuidarlo.

Esto hará que la mascota pierda gran parte de sus instintos agresivos, de manera que será más sociable y dócil con otros animales y humanos. En caso de que el can entienda que él es el dominante, es posible que tienda a mostrarse más agresivo ante cualquier situación. Dicha conducta es debido a que intenta proteger a su familia, pero es incapaz de regular su comportamiento y toma acciones excesivas para hacerlo.

Si nuestro perro muestra señales de dominancia, el foco del entrenamiento irá dirigido a mostrarle que él no tiene el control del grupo. Si no actuamos a tiempo ante esto, podremos enfrentarnos a problemas de agresividad en el futuro, y estos podrían hacer intolerable la relación entre la mascota y el grupo familiar.

Conductas a esperar tras educar a un perro dominante

Una vez que se ha logrado enseñarle al perro su lugar en la cadena de mando, es normal que sus conductas se regularicen y cambien. Algunas de los comportamientos que se podrían percibir son:

  • Tras el entrenamiento, el perro debe ser capaz de obedecer órdenes.
  • Nuestra mascota debe aprender a no gruñir para pedir o reclamar comida. Una vez entrenado, debemos poder tocar su comida, o quitársela, sin que se ponga agresivo.
  • El humano debe controlar cuándo se juega y cuándo no. Si el juego es de recuperar objetos, el perro debe entregarlos; cuando es de lucha, no debemos permitirle que tome la posición dominante.
  • Si decidimos que un perro comparta nuestra cama, debe aprender a que solo lo hará cuando lo permitamos. Debe entender que el sitio no le pertenece.
  • Al entrar o salir por una puerta debemos enseñarle a ir detrás y a que no empuje a los humanos.
  • No debemos permitirle que interrumpa nuestra comida observándonos o pidiendo alimento. Su tiempo y espacio para la comida deben estar definidos.
  • El entrenamiento le mostrará las reglas que tiene que seguir para estar en equilibrio en el grupo que conformará con la familia con la cual convive.

Finalmente, ahora que sabemos cómo es un perro dominante, podremos enseñar a nuestra mascota a relacionarse de manera estable dentro de esa manada que es nuestra familia.

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