No es mi mascota, es mi familia

La afirmación “no es mi mascota, es mi familia” se escucha con frecuencia. Esto es un hecho positivo, siempre que no olvidemos que nos estamos refiriendo a un animal, es decir, a un miembro no humano del grupo familiar.

Un perro, un gato, o la mascota que hayas elegido para compartir parte de tu vida, poco a poco –o a primera vista- va ganando un lugar de importancia en tus afectos. No es novedad, entonces, afirmar que un gran número de personas que poseen animales domésticos los consideran integrantes de la familia.

Mi mascota es mi familia

perro con familia

Salvo excepciones que no vienen al caso en este artículo, se trate de familias tipo o numerosas o de gente que vive sola, o mejor dicho que no comparte su hogar con otros humanos, los animales de compañía suelen ocupar un lugar importante dentro del grupo familiar.

Son excelentes compinches de juegos para los niños y una acompañamiento imprescindible para ancianos. También pueden aportarte la mejor solución para que te olvides de un día complicado.

Llegar a casa y ser recibido con alegría por el miembro no humano de la familia es ya reconfortante. No es aventurado afirmar que una buena sesión de caricias y juegos es la mejor manera de quitarte el estrés que existe en el mundo.

Eligiendo a la familia no humana

Cuando decidimos adoptar una mascota de un refugio o adquirimos un animal en un criadero, debemos ser conscientes de la responsabilidad que tomamos desde ese mismo instante con el animalito.

“Un perro puede ser la única oportunidad que tiene un ser humano para escoger un pariente”.

Mordecai Siegal

Razones por las que tu mascota forma parte de tu familia

Son muchas las razones que se pueden mencionar cuando queremos explicar el por qué consideramos a nuestra mascota un miembro más del grupo familiar.

Si bien, es cierto que las situaciones ideales no existen, al igual que con los integrantes humanos de la familia, siempre intentamos darle lo mejor a los animalitos domésticos. Enumeramos solo algunos ejemplos:

Afecto y educación

Querer incondicionalmente a alguien –sea humano o animal- implica también una serie de responsabilidades. Por eso, es importante que, a quien integremos como miembro no humano de la familia:

  • Le tratemos con consideración.
  • Respetemos su naturaleza.
  • Le eduquemos y le pongamos límites.
  • Afrontemos sus errores y malos comportamientos sin castigos e intentemos corregirlos con paciencia y amor.

Salud física y mental

Seguramente sales corriendo al veterinario cuando adviertes que tu perro está enfermo y acompañas cada paso de su convalecencia. Pero no solo eso:

  • Le haces controles rutinarios.
  • Lo desparasitas.
  • Cumples con el calendario de vacunación.
  • Le proporcionas un lugar propio dentro de la casa, limpio y cómodo, donde pueda descansar.
  • Procuras darle una alimentación sana y nutritiva y acorde a su tamaño y edad.

Además:

  • Le recompensas y le sorprendes preparándole algún plato sabroso.
  • Le colmas de regalos: juguetes, accesorios y abrigos para el invierno.
  • Disfrutas de los juegos y paseos con él.
  • Estimulas su inteligencia con nuevos desafíos.

También:

  • Encuentras la forma para llevártelo de vacaciones contigo, aunque a veces pueda tornarse un tema complicado.
  • Buscas que aparezca en todas las fotos de familia.
  • Comentas con orgullo todas sus habilidades y virtudes a quien quiera escucharte.
  • Tienes una colección de anécdotas que lo cuentan como protagonista y que siempre es bueno recordar cuando se reúne toda la familia.

Respeto por la naturaleza de cada uno

gato y mujer

Por mucho que quieras a tu animal de compañía, lo peor que puedes hacer es humanizarlo.

Cuando se corre ese límite, cometes el error de creer que lo que es bueno para ti debe serlo también para tu mascota. Te estás equivocando; no siempre es así.

Querer es, ante todo, respetar al otro. Tratar a tu mascota como a un ser humano es un grave error que puede traer trastornos más o menos graves de conducta en el animalito.

Una familia que se precie debe aprender a aceptar a cada uno de sus miembros tal ccomo es. Se trate de personas, gatos, perros o de cualquier otra animal de compañía con el que hayas elegido compartir tu hogar.

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