La nariz en el perro: curiosidades

Inés · 15 mayo, 2015

La nariz en el perro es lo que el ojo en el ser humano; uno de los órganos más importantes, que les permite conocer el mundo. He aquí algunos datos curiosos sobre el sentido más valioso de nuestros amados cuadrúpedos:

  • Los cachorros nacen sordos y ciegos. El único sentido que les permite encontrar el pezón de su madre es el olfato.
  • El alcance olfativo de los perros es de 1,5 metros, mientras que el del ser humano es de 5 centímetros.
  • El bulbo olfativo de los canes, en proporción al del ser humano, es unas cuarenta veces mayor.
  • El olfato de los perros es 10.000 veces más sensible que su gusto.
  • Los perros son capaces de rastrear hidrocarburos que han sido causa de incendios o explosiones, así como drogas o sustancias prohibidas.
  • Detectan los períodos de fertilidad en las hembras de su especie y en otros animales, como en las vacas, las cuales tienen un período de fertilidad muy corto.

¿Cómo narices funciona el olfato de los canes?

nariz perro

Nuestros canes tienen el llamado Órgano de Jacobson, situado en la parte inferior de la mucosa olfatoria, el cual se comunica con la cavidad bucal. Esto explica cómo el perro puede extraer olores del aire o incluso de lamidas. De hecho, lamiendo el suelo o cualquier superficie, los perros pueden extraer información de aquello que les despierta curiosidad. Es así como podemos hacernos a la idea del porqué de la conducta de oler el trasero de otros animales: para descubrir el sexo del otro, su edad, algunos rasgos de su conducta, etc.

Un ser humano quizás puede distinguir algunas decenas de olores. Otros, como un profesional del perfume, por ejemplo, muchas más, pero un can puede reconocer, distinguir y clasificar en su memoria más de un millón de aromas y olores diferentes. Es por ello que pueden rastrear a personas u objetos a través de estos pequeños, pero importantes matices.

Un hecho claro de ello lo encontraremos si lanzamos una pelota dentro de una piscina con otras exactamente iguales. Para nosotros sería confuso localizarla, sobre todo si perdemos el contacto visual de su trayectoria hasta el agua, pero para un perro, nuestro sudor sobre la bola o el olor de su propia saliva ya impregnada anteriormente sobre la pelota hacen posible que pueda identificarla y traerla de vuelta con nosotros.

Esta es la razón por la que el perro reconoce a personas y objetos. Si vemos a nuestro can alzar la cabeza, oler el ambiente y aguzar sus ojos, es porque puede estar interrumpiendo su ciclo respiratorio para explorar y almacenar información (durante practicamente toda su vida) a largas distancias gracias a sus potentes sensores olfativos.

¿Cómo puedo entrenar el olfato de mi perro?

perro

Cada olor, por muy insignificante o desagradable que nos parezca, tiene una gran importancia en el comportamiento del perro. Les indica desde su ubicación en el espacio, quiénes lo comparten con él, la presencia de intrusos, enfermedades e incluso algunos estados de ánimos en otros canes y en seres humanos. No debemos olvidar que la trufa en el perro compone su memoria olfativa, la cual comprende todo su mundo y determina su vida y comportamiento.

Por ello, es vital tener en cuenta que nuestras mascotas necesitan determinados estímulos del entorno, que complementan su conocimiento del espacio y que, además, podemos reforzar positivamente para nuestro provecho y convivencia con ellos.

Teniendo conciencia de la importancia de este sentido en el perro, podemos recompensarles cada vez que olfateen algo que les interesa y que puede beneficiarnos, como el periódico, las pantuflas, sus juguetes, animales desconocidos o peligrosos, nuevos miembros en la familia, etc. Así estaremos aplicando el conocido Principio de Premack: “Una actividad preferible refuerza la ejecución de una respuesta menos preferente”. Esto quiere decirnos que debemos reforzar una conducta poco común, pero positiva, con una conducta muy común. Por ejemplo, si nuestro perro adora jugar con los juguetes “tira y afloja”, sería conveniente utilizar esta acción justo después de una conducta poco común, pero positiva, tal como traer el periódico o dejar de morder determinado objeto.