La integración del perro en la familia

Para introducir a un nuevo miembro canino en la familia se deben seguir una pautas muy concretas y así evitar problemas, sobre todo si ya hay un can previamente en el seno del grupo familiar

Una nueva mascota siempre genera mucha ilusión en el nuevo hogar. La integración del perro en la familia debe ser un trabajo metódico y supervisado, pleno de paciencia y mucho amor.

Si se trata de un cachorro, este no debe ser separado de su madre y hermanos antes de la sexta semana después de haber nacido. En ese tiempo comienza a definirse su equilibrio emocional y su sensibilidad a los estímulos es mayor. Como apunte, es recomendable que tenga contacto esporádico con humanos para irse familiarizando.

Luego viene la socialización con otros perros, animales y con humanos. De esta forma, el cachorro comprende su nueva realidad, lejos de su madre y hermanos.

Cachorros amamantados por su madre

La integración de este pequeño perro en la familia será más efectiva en la medida en que tenga las reglas claras. Se le debe enseñar dónde dormir y hacer sus necesidades, a qué hora come, dónde puede jugar y cuáles son los límites de esos juegos, entre otros.

Interacción supervisada, una necesidad

Si hay perros o animales más grandes en la casa, esa interacción deberá ser muy supervisada y perseverante. La intención es evitar traumas y fomentar relaciones sin problemas; si todos son cachorros, propiciar reuniones entre ellos les ayudará a interactuar y jugar sin violencia.

Del primer encuentro del perro anfitrión con el nuevo miembro de la familia puede depender la relación futura. No hay que perder de vista que hasta ese momento, él ha sido el centro de atención.

Socializar desde el principio

Lo ideal es que esa primera vista entre ambos se produzca fuera de la casa, durante un paseo. Asimismo, es conveniente que haya otra persona, y que cada una se encargue de un perro mientras se huelen y conocen.

Pueden ocurrir dos cosas diferentes: que no se presten atención hasta que finalmente se relacionen o que se generen intentos de pelea que deben ser evitados. En este caso, lo ideal es separarlos suavemente para disminuir la tensión.

Si se llevan bien, se les puede dejar solos en un sitio seguro. Cuando estén listos para entrar a la casa, el perro anfitrión debe hacerlo primero y al nuevo integrante, posteriormente, se le permitirá explorar cada rincón de la casa. Si ambos están cómodos, se les puede dejar sueltos.

Los primeros días deben ser supervisados, en especial a la hora de la comida o durante los juegos, para evitar conflictos; si al animal anfitrión le gusta pelear con otros perros, el cuidado debe ser aún mayor. Es importante respetar los hábitos de la primera mascota, para que el recién llegado no sea un problema en su vida.

Poco a poco, controlando impulsos

Si la mascota no es un perro, el acercamiento debe ser progresivo y deben controlarse los impulsos. Este ejercicio debe efectuarse a diario, al mismo tiempo que se guardan las distancias, hasta que se acostumbre; mientras esto ocurre, los animales deben estar separados.

Cuando de gatos se trata es mejor ir con calma, porque a ellos no se les puede forzar.  Es importante conocer el instinto del perro, por su raza, para determinar su nivel depredador.

Perros y gatos: es posible socializarlos

Si es un cachorro o un animal mayor de edad, se debe tener en cuenta el tiempo del que el dueño dispone para ese período de adaptación. Los primeros tardan más, pero a los segundos no se les puede dejar solos al día siguiente, para evitar ansiedad, aburrimiento o estrés.

Belleza o raza, ¿lo importante?

La belleza del perro o la raza suelen ser las razones por las que se escoge una mascota. Muchas veces esto termina siendo un error, que perjudica al propio animal, y es que una mala elección puede terminar con el abandono del perro por problemas de adaptación. Para evitarlo, es prioritario tener claridad sobre el tiempo disponible para atenderlos, si hay niños o más animales, etc.

A tener en cuenta para la integración del perro en la familia

Cuando el nuevo integrante de la familia es un cachorro, es importante dejar que este salude el perro adulto por iniciativa propia. Cabe señalar que no se debe permitir que el anfitrión intimide al recién llegado.

No debe establecerse una zona para ambos perros, mientras no tengan una relación cordial y de confianza; así que hasta ese momento es más que conveniente que estén separados.

Es importante, asimismo, separar las pertenencias y delimitar los espacios de cada mascota para evitar reacciones agresivas. Las peleas entre ambos deben ser interrumpidas siempre.

Desde el principio, se debe educar al nuevo perro para que coma de su plato. Si termina primero, no se le puede permitir que vaya al recipiente de la otra mascota.

Atender estas recomendaciones favorecerá una rápida y placentera integración del perro en la familia.

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