¿Qué es la educación canina en positivo?

Laura Huelin · 2 enero, 2018
Esta modalidad de aprendizaje para perros busca no hacer daño al perro, a motivarlo y a premiarlo cuando se porta bien

Cuando nuestro perro tiene un problema de comportamiento, y no sabemos ponerle solución nosotros mismos, necesitamos la ayuda de un educador canino. Muchos de ellos se presentan como educadores en positivo, pero no todo el mundo tiene claro a qué se refiere esa palabra, por lo que te lo contamos todo sobre la educación canina en positivo.

Educación y adiestramiento

Hay tres tipos de profesionales dedicados al comportamiento canino: los educadores, los adiestradores y los etólogos. Los etólogos son veterinarios especialistas en esta materia, por lo que estudian y conocen el comportamiento de todos los animales del planeta, aunque los que vemos en las clínicas se especializan en animales domésticos.

Los adiestradores enseñan órdenes a los perros sin importar la situación en la que se encuentren. Por ejemplo, es trabajo de un adiestrador enseñar a los perros detectores de drogas. Una vez que el perro haya aprendido la orden, le dará igual ponerla en práctica en un aeropuerto, en su casa, entre mucha gente o solo.

Los educadores tratan los problemas de comportamiento. Estos profesionales investigan la vida del perro para encontrar qué le motiva a comportarse de esa manera que a su familia no le gusta, y busca una solución al problema desde la raíz.

Educación positiva en perros

Estas tres profesiones son parecidas pero muy diferentes al mismo tiempo. Cada una está especializada para lograr los mejores resultados en cada caso concreto. Al igual que en muchas otras profesiones, se pueden ejercer desde varias perspectivas diferentes. Una de ellas es la que denominamos con la etiqueta ‘en positivo’.

Historia de la educación canina

Esta división de profesiones es relativamente reciente. La figura del adiestrador aparece hace menos de 100 años, y se orienta hacia la educación hace unos 50. Sin embargo, la profesión de etólogo como especialista en comportamiento animal tiene más años; aunque estaban orientado a los animales salvajes.

Los adiestradores y educadores caninos empezaron trabajando con los perros por la fuerza. Por ejemplo, los que trabajaban con perros actores usaban los castigos y el dolor para enseñarle a los perros lo que tenían que hacer. Es decir, los perros trabajaban para evitar las consecuencias de desobedecer las órdenes.

Poco después, se descubrió una técnica más respetuosa y que le enseñaba a los perros más rápido qué se quería de ellos: en vez de castigarlos, se añadían recompensas a su trabajo. Así, convencían a los perros para trabajar o comportarse bien sin tener que reñirles. Esta técnica se usa hoy en día en el adiestramiento de muchos otros animales, como en los delfines de los espectáculos de los acuarios.

Educación positiva en canes

Según las leyes del aprendizaje formuladas por Skinner, estas recompensas se clasifican como refuerzo positivo. Los profesionales, tanto adiestradores como educadores, que dejaron de usar los castigos y empezaron a usar los refuerzos positivos empezaron a llamarse ‘en positivo’.

La etiqueta ‘educación canina en positivo’ está gastada

La educación en positivo busca no hacer daño al perro. Los castigos, sean físicos como tirones de correa, patadas, toques o golpes; o sean psicológicos como gritos, amenazas o aislamiento, hacen daño.

Al contrario, la educación canina en positivo busca motivar al perro a portarse bien y premiarlo cuando lo hace. El perro obedece porque quiere y porque está en su instinto complacer a los humanos, no para evitar el sufrimiento.

Los profesionales que seguían usando los castigos y el dolor empezaron a denominarse ‘tradicionales’, mientras que los que buscaban trabajar de una manera respetuosa con el perro, ‘positivos’, como hemos venido diciendo. A pesar de la clara diferencia, pronto empezaron a mezclarse los términos.

Pocas familias quieren llevar a su perro a un profesional que le va a hacer daño. Por eso, los profesionales ‘tradicionales’ empezaron a incorporar los premios en sus métodos de trabajo, a pesar de no haber rechazado por completo los castigos.

Hoy en día muchos adiestradores y educadores mezclan estas dos técnicas: premian y castigan por igual. Motivan al perro a trabajar a cambio de premios o de no ser castigado.

Por eso, se dice que la etiqueta está gastada: que un trabajador se denomine ‘en positivo’ ya no garantiza que no vaya a causarle miedo o dolor a los animales con los que está trabajando. Se ha convertido en responsabilidad de los propietarios que buscan lo mejor para su perro asegurarse de que se le está tratando con respeto.

El dolor como causante de los problemas de comportamiento

Ha quedado patente que el uso del refuerzo positivo acelera el aprendizaje y la resolución de problemas en cualquier tipo de animal. Así, los castigos confunden al perro e impiden que aprenda, y el uso del dolor empeora las relaciones entre perros y sus familias humanas. Por lo tanto, llena de malas asociaciones los comportamientos nuevos que se les pretenden enseñar.

Los collares de pinchos, eléctricos o de ahogo también forman parte de los castigos y el dolor. Se ha demostrado que el uso de estas técnicas enmascara problemas –no los resuelve– y vuelve a los perros inestables e impredecibles.

Educación y adiestramiento en perro

Cuando vivimos en familia con un perro queremos que sea feliz y que se porte bien porque quiera, no porque nos tenga miedo. Solo una educación libre de dolor y de miedo puede llegar a esta meta.

Cómo elegir un buen profesional en la educación canina en positivo

Ya que se ha desvirtuado la etiqueta ‘educación canina en positivo, y que ya no garantiza que ese profesional use técnicas basadas únicamente en el refuerzo positivo, deberás preocuparte de cómo trabaja. Antes de contratar a un profesional, habla con él y pregúntale todas tus dudas, y sigue con él solo si te da confianza.

En definitiva, cuando un profesional trabaje con tu perro, busca que:

  • Te escuche y os respete a ti, al perro y a vuestros problemas.
  • No dé tirones de correa, no empuje, dé toques o pegue al perro.
  • Ofrezca soluciones y pautas adaptadas a tu caso particular.
  • No use collares de pinchos, de ahorque, eléctricos o lazos.
  • No base su trabajo en la teoría de la dominancia, y sí en evidencia científica contrastada.