El erizo que planta cara al perro

¿Te imaginas tener un perro y un erizo a la vez como mascotas? ¿Cuántas situaciones divertidas y en ocasiones terroríficas crees que podrían pasar? Pues te lo contamos a través de una historia, estos son el erizo Bodlinka y el perro Kaemon.

Es fácil imaginar al pequeño erizo corriendo por el mal humor del perro, pero la realidad en esta historia parece darse la vuelta…

El erizo y el perro. Descubre su historia

Bodlinka llegó al hogar de una familia checa cuando Kaemon, su perro, ya vivía con ellos. La situación era un poco impredecible, pues dos animales de tan diferentes características unidos podrían genera mil y una situaciones, y la mayoría pudieran no ser muy buenas.

Kaemon es un perro Alaskan Malamute, por lo que puedes imaginar su gran tamaño en comparación con el erizo.

Los dueños creyeron que quizá Kaemon reaccionaría mal a la presencia de su nuevo compañero, y que el erizo se pasaría el día escondiéndose de un lado a otro.

Pero al pensar como están creados los animales, como cada uno tiene su arma de defensa incorporada en su cuerpo, llegamos a creer que nada con ellos se puede predecir.

La presentación de ambos animales fue bien, y todo parecía indicar que tendrían una amistad. Y así fue, hasta que… ¡llegó la hora de comer!

Por alguna extraña razón, Bodlinka ama la comida de Kaemon. No es un asunto de si él puede tener la misma comida en ese recipiente, no, es un asunto de que él quiere comerse la comida de Kaemon en su recipiente sin importarle si puede o no. Y lo peor, desde el principio supo que nadie se lo iba a impedir.

La primera vez, hace dos años, según el dueño de ambos, que Bodlinka se acercó al plato de comida de Kaemon, como era obvio, el perro se quejó. ¡Cuál fue la sorpresa cuando el erizo más allá de asustarse le respondió con un ataque!

Lanzó uno de sus pinchos al animal haciendo que el pobre Kaemon huyera mientras gritaba de dolor. Desde ese día, Kaemon tiene que ver como el erizo enano se come cada día su comida sin que él pueda hacer nada por evitarlo. Es más, en el vídeo que te adjuntamos puedes ver como mientras Bodlinka come, su dueño lo acaricia sin que este se queje.

No obstante, Kaemon se limita a mirar y llorar, sabiendo que si se atreve a acercarse recibirá un “disparo”.

Los dueños han intentado poner un cuenco del tamaño de Bodlinka con la misma comida que la de Kaemon, han probado a colocar otro comedero en un lugar distinto para Kaemon. No importa, al erizo nada de eso le interesa. Él quiere demostrar quien manda en esta relación y que puede comer donde él quiera. Aquí te dejamos el vídeo y juzga por ti mismo quién manda en esta relación. ¿Quién dijo que el tamaño hace al más fuerte? Pues se equivocó…

Con la comida no se juega, pero te quiero

Bodlinka además ha demostrado que sabe muy bien diferenciar las cosas. Él solo quiere comerse la comida de Kaemon, pero después de ese momento, Bodlinka y Kaemon son amigos inseparables. 

Pasean juntos por la casa, juegan y a veces se les puede sorprender durmiendo juntos en la cama de Kaemon o en el sofá de la casa.

El porqué de la actitud del erizo es inexplicable, pero lo cierto es que cada día ambos se demuestran su amor y amistad haciendo ver que la relación entre seres distintos es posible, eso sí, marcando límites. Kaemon aprendió una lección importante el primer día que un erizo apareció en su vida: el amor y la comida no tienen nada que ver, alguien puede quererte, pero con la comida no se juega. 

Fuente de la imagen principal: epv.elpais.com

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