El quitridio: pandemia en el mundo anfibio

Las pandemias están a la orden del día, y el mundo animal no se libra de ellas. El hongo quitridio ha sido el causante del declive de cientos de especies de anfibios en todo el mundo.
El quitridio: pandemia en el mundo anfibio
Samuel Sanchez

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Sanchez el 08 abril, 2020.

Última actualización: 08 abril, 2020

No solo los seres humanos se han visto afectados por pandemias globales, los animales también han sufrido algunas. Un ejemplo de ello es el quitridio, que afecta a los anfibios.

Otro ejemplo es la mixomatosis de los conejos, un agente vírico que apareció en el año 2018 y llegó a diezmar muchas poblaciones, con una tasa de mortalidad del 90 %. Casos como este le pueden sonar a muchos curiosos de la materia, ya que las enfermedades en mamíferos suelen atraer cierta atención mediática.

No obstante, existen otras enfermedades que han arrasado con especies enteras y son desconocidas para la mayoría de la población. Un ejemplo claro de esto es el hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatidis, que afecta a los anfibios con letales resultados.

¿Qué es el quitridio?

El hongo quitridio es un agente dulceacuícola que ataca la piel de los anfibios. La piel de estos húmedos animales es esencial para su supervivencia, ya que por ella se realiza hidratación e intercambio de gases, además de actuar como primera barrera inmunológica.

Rana Pelophylax perezi.

Debido a su letalidad y a su rápida expansión global, el quitrido ha sido catalogado como una de las 100 especies exóticas más invasoras del mundo. Otro título que se ha ganado a pulso es el de la primera enfermedad de declaración obligatoria, según la Organización Mundial Para la Sanidad Animal.

Los equipos de investigación para la conservación de todo el mundo llevan desde los años 80 luchando contra esta enfermedad.

Se ha conseguido descifrar la manera en la que este patógeno acaba con la vida de las especies de anfibios susceptibles. También se conoce cierta información a cerca de su supervivencia. Por ejemplo, se sabe que a partir de los 27 grados, el hongo muere.

¿Cómo actúa este letal hongo?

  • Este hongo presenta un ciclo de vida complejo.
  • Cuenta con una fase móvil y otra inmóvil.
  • Las zoósporas móviles nadan en búsqueda de anfibios vulnerables, y se alojan en las estructuras queratinizadas (la piel) de los mismos.
  • Las zoósporas obtienen sus nutrientes de la piel del hospedador, y terminan por enraizarse para dar lugar a estructuras inmóviles que a su vez liberarán nuevas zoósporas al medio.

Una vez invadido por el quitridio, el anfibio presenta una sintomatología asociada. Algunos de los síntomas son: decoloración, inactividad, pérdida de apetito y ausencia de comportamiento de escape ante depredadores.

Podría parecer que una simple infección cutánea debería de superarse rápidamente, ¿verdad? Pero, por desgracia, muchas ranas y sapos no corren esa suerte.

El enraizamiento del hongo en las capas más superficiales de la piel del anfibio puede causar serios desequilibrios osmóticos en el interior del animal, pudiendo causarle un paro cardiaco mortal.

Sapo Bufo calamita.

El exterminio del mundo anfibio

Este hongo puede sonar aterrador desde un punto de vista médico, pero lo es más aún si se tiene en cuenta su incidencia global.

  • Un estudio realizado  a escala mundial dilucidó que el hongo podría haber sido el causante del declive de más de 500 especies de anfibios en todo el mundo.
  • De las más de 500 especies afectadas, la cuarta parte han perdido más del 90% de sus poblaciones.
  • Su letalidad es tal, que algunas especies se han extinto tras un periodo de tres años, desde el primer caso infectado.

Los datos son aterradores, y lo peor es que no existe una cura como tal. En reservas naturales, como la Sierra de Guadarrama, se realizan reintroducciones periódicas de las especies más vulnerables ante este hongo como el sapo partero. De todos modos, la mejor cura, como en la mayoría de los casos, es la prevención.

¿Qué puedes hacer tú?

La mejor contribución para frenar la expansión de este hongo es fácil y sencilla: no transportar anfibios de una charca a otra. Llegado a este punto, quizás tengamos en mente la imagen de un niño llevándose un renacuajo a casa, cuidándolo unos días, y soltándolo en un arroyo.

A pesar de lo entrañable de la imagen, esta conlleva un peligro inherente: el animal puede llevar el hongo adherido a sus estructuras bucales o piel y propagarlo en un nuevo medio.

Las poblaciones de anfibios son relativamente estancas, por lo que evitando el transporte entre fuentes de agua ya estamos haciendo un gran trabajo.

Los expertos de la Asociación Herpetológica Española ponen a disposición de los lectores su servidor de información acerca de la distribución de anfibios en la península.

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