Parásito y hospedador: una carrera armamentística

16 marzo, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por el biólogo Samuel Sanchez
El parásito existe a costa del perjuicio ajeno, pero también supone un poderoso mecanismo evolutivo en la historia de las especies.

La enfermedad y la epidemia están al orden del día. Desde mascarillas a cierre de instituciones, ahora más que nunca se evidencia que existen organismos cuyo único fin es aprovecharse de nosotros. Porque, ¿qué es el coronavirus si no un parásito que se beneficia de nuestras células?

Los parásitos guardan una relación ancestral con el resto de seres vivos, aunque en estos tiempos se le preste especial atención. Estos se definen como seres que consiguen beneficios mientras viven en un organismo de otra especie (el hospedador). El parasitismo se basa en una relación de pérdida para el hospedador: la garrapata chupa sangre del perro, esta gana alimento, el perro pierde salud. Pero existe una batalla intrincada entre ambos componentes llena de matices.

A continuación te explicamos con mayor detalle por qué sin los parásitos la vida tal y como la conocemos no sería posible. ¡Sigue leyendo para no perderte de nada!

Tipos de parásitos

Existen dos tipos fundamentales de parásitos:

  • Microparásitos: de pequeño tamaño. Viven dentro de las células. Se multiplican en el interior del hospedador (Virus, por ejemplo).
  • Macroparásitos: viven sobre el cuerpo o en las cavidades corporales del hospedador. Crecen sobre el hospedador pero se multiplican fuera de él (las garrapatas son lo primero que nos viene a la cabeza).

El concepto general de parásito es el de un chupasangre, pero en el mundo natural la astucia es la reina. Existen otros tipos de parásitos mucho más sutiles, que van desde aprovecharse del cuidado parental de algunas especies (parasitismo de cría) hasta de los servicios de otros animales (parasitismo social).

Pinzas sosteniendo una garrapata llena de sangre.

Una guerra en el interior del cuerpo

Cuando un parásito se interrelaciona con un hospedador se da un proceso de coevolución. Este complejo suceso podría resumirse en que ambos cambian en el tiempo de forma recíproca.

La clave de la cuestión es sencilla: A los parásitos no les interesa acabar con la vida de sus hospedadores.

Esta frase, chocante pero cierta, permite un baile delicado y complejo entre ambos componentes de la relación. El parásito está interesado en mantener vivo a su hospedador el máximo tiempo posible para seguir obteniendo beneficios de él. ¿Qué gana un virus si mata al que lo porta nada más empezar a multiplicarse en su cuerpo?

Si lo pensamos detenidamente, al parásito le interesa un equilibrio. Se ha sugerido en múltiples estudios que los parásitos mejor adaptados son los que afectan poco. 

Si el hospedador puede realizar actividades sin darse cuenta de su estado de enfermedad, la probabilidad de propagación a otros animales de la misma especie es mucho mayor. En cambio, si la existencia de un parásito mata a su vehículo, ni se puede seguir beneficiando de él ni le es posible multiplicarse en otros seres. Una letalidad elevada supone el fin de la propia especie del que la causa a lo largo del tiempo.

Ilustración en 3D del virus de la rabia en una neurona.

Los animales responden

Mientras que el parásito se pone las botas, el hospedador fabrica armas para expulsarle. La compleja hipótesis gen-por-gen nos propone que, por cada nuevo atributo de un agente infeccioso, el enfermo produce una defensa en respuesta.

Ahí entra en juego tanto el complejo sistema inmunitario animal como otros tipos de barreras. Los animales pueden evolucionar creando estructuras que dificulten la entrada de parásitos en su cuerpo: pieles gruesas, pelos, callosidades, secreción de mucosas y otras. También existen barreras comportamentales, en los que los animales aprenden a evitar lugares con elevadas cargas parasitarias e incluso identificar a los enfermos de su propia especie.

Los virus y el sexo, más relacionados de lo que parece

Esta carrera entre infectar y evitar ser infectado puede resultar agotadora para ambos componentes. Aún así, existe una diferencia esencial: el parásito solo vive para infectar, pero el hospedador necesita reproducirse.

Buscar pareja e impresionarla es agotador. Solamente los animales sanos pueden permitirse tal gasto energético, mientras que los parasitados estarán gastando sus reservas en combatir la enfermedad. Esto es la máxima expresión de que solo los más fuertes triunfan en la naturaleza.

Por lo tanto, solamente los animales que presenten un sistema inmune poderoso y barreras eficaces podrán dar lugar a descendencia. Hasta cierto punto los hijos heredarán esa fortaleza, por lo que estarán más preparados para combatir enfermedades. Mientras tanto, los parásitos evolucionarán con ellos para saltarse las barreras y continuar infectando.

Ilustración de varios tipos de parásitos.

Cuestión de fuerza

La existencia de los parásitos ejemplifica la selección natural actuando en su máxima expresión. Los que sean capaces de combatir las enfermedades tendrán éxito, mientras que los débiles perecerán. Esto obliga a los animales a crear barreras tanto inmunológicas como físicas ante la amenaza de ser infectados.

Esta carrera armamentística es un mecanismo más de evolución. Por ello, sin los parásitos no existiría la vida tal y como la concebimos.

  • http://www.scielo.org.co/pdf/rudca/v14n2/v14n2a13.pdf
  • http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0253-570X2014000100001