El maltrato en producción animal: hábitos que quizás no sabías que eran negativos

Muchos de los hábitos comunes de manejo de animales de abasto deberían ser considerados como maltrato. ¿Por qué? Porque atentan directamente contra la armonía animal, ya sea física, psíquica o social.
El maltrato en producción animal: hábitos que quizás no sabías que eran negativos
Érica Terrón González

Escrito y verificado por la veterinaria Érica Terrón González.

Última actualización: 20 agosto, 2022

El bienestar animal en ganadería está directamente relacionado con el rendimiento productivo y económico de la granja. Por lo tanto, el maltrato en producción animal no es más que un lujo que los ganaderos no se pueden permitir. Hay determinados hábitos que se llevan realizando siglos, en respuesta a una idea común: son animales y hay que valerse de la fuerza para manejarlos.

Esta ideología mantenida en el tiempo ya le ha salido muy cara a varios ganaderos. Pero hoy en día, donde sobra la información sobre los beneficios del bienestar animal.

El maltrato en producción animal

A continuación hablaremos de algunas de las prácticas habituales en producción animal que son perjudiciales, aunque a primera vista no lo parezcan.

La letra con sangre entra, agresiones continuas

Esta costumbre es la madre de todos los maltratos, y probablemente una de las más reconocidas. Lo que muchos ganaderos no entienden es que están maltratando a su capital productivo. Y cualquier daño ocasionado tendrá un efecto inmediato en su economía.

No hace falta golpear al animal. Solo con que un empleado tenga mala actitud, los animales se pondrán nerviosos.

El ganado no responde bien a la agresión, pero sí lo hace al respeto. Y se lo puede infundir con la sola presencia, sin agresiones. Después de todo, nos temen de manera natural.

El hacinamiento

Etología aplicada en animales de granja.

De nuevo se trata de un hábito que nace de la ignorancia sobre el comportamiento animal. El ganado, constituido por animales de manada, tiende a fugarse de sus depredadores. Y ¡adivina qué!: los humanos somos depredadores.

Por eso impedirles el libre movimiento o la posibilidad de escapar es un error, pues choca con su instinto de supervivencia.

Un ganadero inexperto no sabrá que tiene que aprovechar este impulso natural de fuga a su favor. Por lo tanto, optará por impedirlo llenando al máximo los corrales. Esto, aparte de no ser seguro desde un punto de vista sanitario, tampoco facilitará el manejo.

Este hábito también aparece al utilizar las mangas de manejo. Se tiende a poner un animal de más antes que uno de menos, para evitar los movimientos. Pero la probabilidad de que ese animal de más lo complique todo, es alta. Los animales apretujados se subirán unos encima de otros, lesionándose o, incluso, escapándose.

Arrear el ganado desde atrás y meterle prisa

En general, los animales rezagados en el rebaño suelen ser los más débiles. Por lo tanto, pretender que sean ellos los que muevan a los de delante es inútil.

Arreando al ganado desde atrás se genera resistencia en el rebaño. Los animales líderes tenderán a darse la vuelta y enfrentarse a los más débiles. Y los débiles, para evitarlos, correrán hacia los lados.

Si bien parece difícil, en el campo hay que tratar de trabajar con el rebaño desde delante. Por pura dominancia, los animales rezagados tenderán a moverse tras los que van primero.

Y hay que trabajar a la velocidad del ganado. Las prisas y los apuros solo aumentan la resistencia de los animales.

Presionar sin dejar espacio

Cuando el contacto es tan estrecho entre los animales y el hombre, estos se asustan y pueden contraatacar. Recordemos que consideran al ser humano como una amenaza, aunque sea remota. Solo con retroceder dos pasos se les brindará el espacio suficiente para que vean una posibilidad de escapatoria. Un movimiento tan sencillo y los niveles de estrés del rebaño bajan inmediatamente.

Usar perros pastores

Esta afirmación sorprende, ¿no es así? Pero tiene sentido. El perro es depredador; el ganado, presa. Es cierto que tras años de domesticación esta afirmación no es tan absoluta, pero sigue estando sus genes.

Durante siglos se han utilizado perros pastores para dominar al rebaño. El problema es que el perro, por sí solo, no distingue entre dominar y maltratar.

Por supuesto, las cosas han avanzado mucho y hoy en día:

  • Se seleccionan razas de canes para trabajar con el ganado, por ejemplo, el border collie.
  • Se las educa de forma específica para llevar a cabo esta labor.

Además, con el manejo adecuado, se acaba consiguiendo que el ganado se acostumbre al perro. Pero en su subconsciente lo seguirán viendo como una amenaza. Y esto les genera a los animales un estrés que acaba afectando a su rendimiento productivo.

Conclusiones

Caer en estos hábitos, como hemos visto, hace que el manejo de los animales sea más trabajoso. Y la única solución suele ser invertir en:

  • Más personal.
  • Más perros.
  • Corrales con vallas más altas.
  • Más mangas de manejo.

¿Esto qué supone? Más gastos para la explotación. Por no hablar de los gastos derivados de los animales que se hayan lesionado, del estrés, de las reparaciones, etc. En otras palabras, menor rentabilidad económica.

Veterinario de animales de granja

No es fácil cambiar hábitos muy arraigados, al punto de que se llegan a confundir con la única forma posible de trabajar. Pero un mínimo esfuerzo hace que estos hábitos, que sin darnos cuenta maltratan al ganado, desaparezcan. Este problema hay que afrontarlo con una única idea en mente, para trabajar con animales hay que cambiar de actitud.

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