Delfines en cautividad, ¿realmente sufren?

Actualmente se estima que hay más de 2 000 cetáceos que viven recluidos en acuarios de 60 países; desde que se les captura, mientras se les enseña, y para el resto de su vida, estos animales estarán expuestos a un constante estrés y a productos químicos tales como el cloro

La crianza de delfines en estanques artificiales para fines de entretenimiento humano genera una gran polémica. Estos cetáceos también participan de la rehabilitación y estimulación de niños y adultos con alguna discapacidad. Pero la cuestión central persiste: ¿los delfines en cautividad sufren al ser privados de su libertad?

Los delfinarios por el mundo

En la actualidad, se estima que más de 2 000 cetáceos viven en cautiverio, en acuarios distribuidos en 60 países. Aunque la mayor parte de estos cetáceos sean delfines y orcas (familia Delphinidae), también encontramos marsopas y belugas en cautividad.

El primer delfinario fue inaugurado en Florida (Estados Unidos), durante la década de 30. A partir de ahí, los espectáculos con cetáceos tuvieron éxito mundial y el número de acuarios se multiplicó.

España es el séptimo país en número de delfinarios, estando detrás de Japón, China, Estados Unidos, México, Rusia y Ucrania. En el territorio español existen 12 delfinarios, lo que significa la mayor concentración de delfines en cautividad de Europa.

Actualmente, a pesar de los datos científicos que demuestran el sufrimiento de los delfines en cautividad, los delfinarios siguen siendo lucrativos. De hecho, la crianza comercial de delfines es considerada como una ‘industria en alza’ en Rusia, Japón, China y México.

Delfines con niña

Nuestra imagen fantasiosa sobre los delfines en cautividad

La industria cinematográfica y televisiva ha creado una imagen fantasiosa respecto a los delfines, principalmente en el imaginario infantil. ¿Qué niño no se emocionó y sintió enorme simpatía por el carismático delfín Flipper? Desde temprana edad, aprendimos a asociar los movimientos del delfín con expresiones de felicidad.

No obstante, muchos delfines en cautividad presentan numerosos síntomas de estrés, ansiedad y depresión. El hecho que no demuestren estos estados de ánimo en sus exhibiciones, no significa que no sientan emociones negativas.

En realidad, el delfín es un animal extremadamente sensible e inteligente que se comunican mayormente por sus gestos y sonidos. Raras veces los cetáceos utilizan expresiones para expresar sus pensamientos, sentimientos o emociones. Por ello, debemos dejar de creer que un delfín sonríe constantemente.

Delfines en cautividad: la violencia de la captura

Poca gente se pregunta cómo los delfines artistas protagonistas de saltos y acrobacias  llegan a los acuarios. Casi todos los cetáceos en cautividad han sido capturados en su hábitat natural y violentamente privados de su libertad; son muy raros los casos de delfines que nacieron de progenitores cautivos.

La captura es un proceso agresivo que expone los animales a un altísimo nivel de estrés, poniendo en riesgo su vida. Básicamente, los cetáceos son perseguidos y acosados por diversas lanchas, con el objetivo de dirigirlos y encorralarlos en determinado sitio. Muchas veces, también son utilizadas bombas para asustar a los delfines y obligarlos a moverse.

Algunos países, como EEUU y México, ‘se defienden’ afirmando que la captura de cetáceos está prohibida en su legislación. No obstante, ello no significa que los animales de sus delfinarios no fueron capturados, y mucho menos que la captura ha sido erradicada.

Animales con más inteligencia emocional: delfín

Como la tasa de mortalidad es relativamente alta en los delfinarios, la captura de cetáceos salvajes continúa siendo una realidad. Actualmente, numerosos animales son capturados en los mares de Cuba, Japón, Rusia, China, Indonesia y en el extenso litoral africano.

La vida artificial de los delfines en cautividad y sus riesgos

Es obvio decir que los cetáceos, así como cualquier animal cautivo, viven en ambientes totalmente artificiales. Un delfín que nadaba libremente en el océano, debe acostumbrarse a pequeños estanques tratados químicamente. Además de volverse más sedentarios, estos cetáceos se tornan vulnerables a alergias e inflamaciones por el cloro y las alteraciones del pH del agua.

Por otro lado, los defines en cautividad son expuestos a una constante sobreexcitación. Durante los ‘espectáculos’ y en el entrenamiento, estos animales deben soportar músicas en altísimo volumen, gritos, bocinas y demás ruidos. Todo ello genera un contexto absurdamente estresante.

Otro aspecto perjudicial de los delfinarios es la escasez de sombra y poca profundidad de las piletas. Como la piel y las mucosas de los cetáceos son sensibles, la exposición excesiva a la radiación solar es muy peligrosa. Con mucha frecuencia se observan quemaduras solares en los delfines en cautividad.

Por último, debemos mencionar la falta de enriquecimiento ambiental en los delfinarios. Los cetáceos son curiosos e inteligentes, por lo cual deben estar mentalmente estimulados para permanecer sanos y felices.

En su hábitat natural, estos animales explorarían naturalmente, pero los delfines en cautividad son sometidos a una realidad monótona, que favorece el desarrollo de numerosos trastornos físicos y mentales.

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