¿Existe la custodia compartida de mascotas?

Virginia Duque Mirón · 1 noviembre, 2016

¿Y quién se queda con el perro? Esta es una pregunta que hacemos bromeando a nuestros amigos cuando rompen su relación sentimental. Aunque lo tomemos a broma, la custodia compartida de mascotas realmente existe. Además, este es un asunto muy serio para la salud emocional del animal.

Los animales también sufren cuando hay una separación o divorcio de sus dueños. Estar acostumbrados a estar con ambas personas y de repente perder una, no es agradable. Para ello se creó la custodia compartida de mascotas, sobre todo si no se ha llegado a un acuerdo amistoso entre ambos implicados.

Custodia compartida de mascotas

golpe de calor en perros y gatos

Aunque usemos el término custodia compartida, este en realidad no está recogido como tal por la ley al referirse a animales, sino más bien solo a los hijos.

En el caso de los animales existe el término “disfrute temporal del animal“. Aunque en realidad es exactamente lo mismo: compartir al animal los días preestablecidos por ambas partes con el fin de que sea lo mejor para todos.

Al igual que en el caso de los hijos, se analizará si es razonable y beneficioso para el animal estar yendo de una casa a otra o más bien que tenga un hogar permanente. Esto se analiza más a fondo sobre todo en el caso de los gatos. Los mininos tienen muchas más dificultades para adaptarse a los cambios. Los perros son más fáciles a este respecto.

Normalmente el juez siempre falla a favor de la parte que se queda con la casa. Por algunas razones, entre ellas está el hecho de que la persona que se va de la residencia no tiene lugar en casa de los padres o los amigos. O incluso si alquila un piso, es posible que no le dejen tener una mascota.

Cuando hay hijos de por medio, al recoger a los niños, la parte interesada podría llevarse al perro o al gato. Se alega que es un bien para el niño a la vez que él se beneficiará. Sin embargo, las leyes no son muy claras al respecto. Hay que contar con la buen voluntad de la pareja, que tendrá mucho que ver en le decisión que ejecute un juez.

Podría suceder que al “compartir” mascota una de las partes desatienda la higiene o alimentación del animal. O incluso incurriera en maltrato, ya sea físico o emocional. Casos como este se pueden denunciar y la persona “maltratadora” podría dejar de ver al animal de por vida. Incluso si hubiera hijos de por medio, esto podría servir de precedente para que se le hiciera un seguimiento a través de los servicios sociales para asegurarse de que no actúa de la misma manera con los niños.

Cómo afecta un divorcio a una mascota

Cuando hay un divorcio, llegan cambios no solo para la pareja, sino también para el animal. Una mudanza acarrea un cambio de hogar, de territorio, de personas que visitan el hogar… También de sitios por los que pasear, de rutinas, de horarios y un sinfín más de asuntos.

Dependiendo del tipo de mascota, podrá llevar mejor o peor los cambios. Como dijimos antes, los gatos tienen muchas más dificultades para adaptarse a estos. Es importante, haya custodia compartida o no, observar el estado de ánimo de nuestra mascota para que su sufrimientos por la dificultad de adaptación no la lleve a tener una depresión o algo peor.

El veterinario, un aliado en estos casos

perro y gato con persona mayor

Las visitas rutinarias al veterinario se convierten en este momento en algo vital para nuestra mascota. Él podrá determinar fácilmente si tiene problemas de comportamiento, tristeza, depresión o cualquier otra anomalía que peligre su salud.

La falta de apetito, pérdida de equilibrio, dormir demasiado o tumbarse mirando al vacío serán señales de que algo no marcha bien.

Sin importar lo que haya pasado entre los miembros de una pareja, deben velar por el bien de su mascota. Es igual que lo harían por el de sus hijos. Hay que saber que hay daños que en ocasiones son irreversibles. Recuerda que cuando adoptaste a tu mascota ,lo hiciste asumiendo la responsabilidad de velar por su bien, su salud y su seguridad. No le falles ahora por algo de lo que ella no tiene la culpa.