Así es como piensan los gatos

Intentar explicar de qué manera piensan los gatos no es tarea sencilla. Sin poner en duda la inteligencia de los mininos, y quizá a causa de su personalidad e independencia, es muy difícil de convencerlos para que se avengan a experimentos que desvelen la estructura de su pensamiento.

Inteligentes, cariñosos e independientes: así son los mininos

gato y bebé durmiendo

Quien tuvo o tiene gatos puede dar fe de que son animales sumamente inteligentes y cariñosos, aunque no estén constantemente tratando de agradarnos, como sí hacen los perros.

Y es que los mininos no nos consideran sus amos ni nos identifican como los jefes de una manada a la que nunca pertenecieron. Algunos señalan que nos ven como sus pares, aunque de tamaño un “poco” mayor.

Otros –como Winston Churchill- se atreven a manifestar que hasta nos creen sus súbditos. Y el antropólogo y sociólogo Marcel Mauss alguna vez sentenció: “El gato es el único animal que ha logrado domesticar al hombre.”

Los gatos son misteriosos; pasa más por su mente de lo que nunca podríamos imaginarnos

-Walter Scott-

Algunos datos sobre el cerebro gatuno

Un dato objetivo es que el cerebro de los gatos y el de los humanos tienen una estructura similar en un 90 por ciento.

Está separado en áreas designadas para tareas específicas pero que pueden trasmitir fácilmente la información de un espacio a otro. Esto le permite al minino reconocer de manera rápida el ambiente que lo rodea y adaptarse sin inconvenientes.

Además, cuenta con unos 300 millones de neuronas que le posibilitan no olvidar lo que aprendió alguna vez, como lo que le enseñó su madre cuando era un bebé. O recordar lugares donde estuvo mucho tiempo atrás, o personas que conoció en distintas circunstancias.

Sin embargo, el cerebro gatuno necesita ser estimulado de manera constante. Los felinos que han manifestado una mayor inteligencia son los que más contacto tuvieron desde pequeños con las personas que los criaron.

Intentos humanos para revelar cómo piensan los gatos

Pero mientras las noticias sobre distintas investigaciones realizadas sobre la mente del perro nos sorprendan con frecuencia, no sucede lo mismo con nuestros amigos maulladores. Así que, en este terreno, estamos todavía en pañales para saber cómo piensan los gatos.

Es que las pocas experiencias llevadas a cabo con mininos no fueron alentadoras. Por ejemplo, Christian Agrillo -psicólogo comparativo en la Universidad de Padua, Italia- que realizó varios estudios de competencia numérica con monos, pájaros y hasta con peces– se frustró cuando fue el turno de los gatos: muchos se mostraron irritados y otros directamente se negaron a cooperar.

Y, con los pocos animalitos que colaboraron, apenas pudo concluir que les interesa poco contar y que más que el número les importa el tamaño.

Señales de que los gatos piensan… y mucho

Sin embargo, que los humanos no podamos terminar de comprender la forma en que piensan los gatos no quiere decir que no lo hagan. Basta observarlos con atención para darnos cuenta de su inteligencia. A saber:

  • Son precavidos. Y se dan cuenta de cuándo pueden estar frente a un peligro.
  • Tienen curiosidad. Les gusta conocer y explorar más allá de situaciones ligadas a su supervivencia.
  • Son capaces de hallar soluciones a distintos problemas y situaciones que se le presentan. Por ejemplo: cómo abrir una puerta o cómo acceder a la comida que está dentro de un recipiente cerrado.

Y si bien pueden llegar a aprender trucos, solo lo harán si obtienen algo a cambio. Y se niegan a cooperar si algo no resulta de interés. Difícil imaginar a estas alturas “un gato de Pavlov”, ¿verdad?

Los mininos  no quieren revelarnos sus secretos

gatos que caen de pie

El periodista científico David Grimm señala que los perros parecen sintonizar como ningún otro animal la radio frecuencia humana. Y que quizá esa sea la única estación que escuchan.

En cambio, los mininos sintonizan con nosotros solo cuando ellos desean hacerlo, Pero no cabe duda de que también andan por otros canales del dial. Esto explicaría por qué son tan difíciles de estudiar.

Aunque también podríamos concluir que los gatos son seres demasiado inteligentes como para cooperar con nuestros torpes experimentos. Y que, además, no piensan revelarnos ninguno de sus secretos.

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