¿Cómo tratar a un perro maltratado?

Laura Huelin 20 noviembre, 2017

Siempre ha existido maltrato animal. Pero gracias a internet y las redes sociales nos enteramos de muchísimos más casos de animales abandonados o maltratados que nunca.

Nuestra primera reacción al respecto es decir “pobre” y sentir pena por los animales que han tenido una mala vida. Sin embargo, la pena es un sentimiento inútil que no ayuda en absoluto al animal. A continuación, aportamos una reflexión sobre cómo tratar a un perro maltratado:

La pena: sentimiento inútil

Las emociones son involuntarias y no las podemos reprimir. Sin embargo, como los humanos somos seres racionales podemos cambiar la manera en la que pensamos para cambiar la manera en la que sentimos.

Perro triste tumbado
Fuente: José María Pérez Nuñez

Es natural y normal sentir pena por los desgraciados, especialmente cuando son animales, porque son seres indefensos que nunca merecen nada malo de lo que les pasa. Los animales siempre son víctimas de sus circunstancias y los seres humanos podemos ser muy crueles.

Pero insistimos en que la pena es un sentimiento paralizante. Y es que sintiendo pena no hacemos nada por cambiar o prevenir el sufrimiento de un animal. La pena es una emocion que nos impulsa a sentirnos mal, pero a nada más. Es un sentimiento totalmente inútil para quien quien necesita ayuda.

Incluso, cabe señalar que la pena puede convertirse en autocompasión, lo que solo perjudicará a quien la siente, en este caso nuestros queridos amigos los animales.

Cómo tratar a un perro maltratado: qué sentir por él

Podemos sentir muchas otras cosas en vez de pena. Cualquier sentimiento que nos lleve a cambiar la situación de un animal maltratado o abandonado es muchísimo más útil.

Para reformular nuestros sentimientos tenemos que cambiar la manera en la que pensamos. Por ejemplo, en vez de pensar “pobrecito”, podemos pensar lo siguiente: “¿Qué puedo hacer para proteger a quien lo ha pasado tan mal?” o “¿qué puedo hacer para ayudarle?”. 

Cambiemos la pena por la determinación, porque estaremos haciendo algo útil de verdad por ese animal en concreto o por otros en una situación parecida. Pasaremos de quedarnos estancados a hacer algo productivo por quien lo necesita.

Así, estaremos ayudando a quien está cuidando de él, protegeremos a otro animal para que no lo sufra en un futuro o incluso podemos hacernos cargo de ese animal y ocuparnos personalmente de que nunca más vuelva a pasarlo mal.

También podemos cambiar la pena por compasión, que es un resultado parecido al de la determinación: damos un paso adelante y hacemos algo útil o necesario. La compasión nos lleva a aliviar un sufrimiento, nos ayuda a hacernos responsables de cambiar una mala situación.

Si vemos a un animal enfermo al lado de la carretera y sentimos pena, suspiraremos por él pero seguiremos adelante. En cambio, si vemos a un animal enfermo al lado de la carretera, con la compasión nos ocuparemos de llevarlo a un veterinario y de aliviar su enfermedad.

Junto a la determinación, cambiaremos el presente y el futuro de ese animal: primero cuidaremos de él y luego no pararemos hasta encontrarle una familia definitiva que vaya a cuidar de él para el resto de su vida.

Es muy sencillo cambiar la pena por orgullo. En vez de lamentarnos por lo mal que lo ha pasado un perro abandonado, podemos admirar su capacidad de superación y sentirnos orgullosos de él por haber superado una situación tan difícil.

Porque si algo caracteriza a los perros es su tenacidad, voluntad y disposición que siempre tienen para superar problemas. El orgullo nos ayuda a entender a los animales, especialmente a los perros en esta gran capacidad innata que poseen.

Así las cosas, ayuda mucho a los perros tratarlos con orgullo en vez de con pena. En vez de maltratados se convierten en supervivientes, en héroes capaces de superar un infierno. Nos da confianza en ellos y les da a ellos confianza en sí mismos.

No miremos con pena

Cuando tenemos delante a un perro maltratado o abandonado solemos sentir el miedo y la ansiedad que siente el animal. Podemos hacer muchísimas cosas para ayudarle a superar sus miedos, pero lo mínimo que debemos hacer es no mirarlo con pena.

Nuestra mirada de pena transmite preocupación y miedo, y somos la referencia fundamental de nuestros perros. Si nosotros estamos preocupados, el perro estará preocupado. Nunca dejará de sentir miedo. Cómo tratar a un perro maltratado es definitivo en su recuperación.

Perro detras de una valla

En cambio, si nos sentimos orgullosos de tener un superviviente en casa, apreciaremos mejor todos los avances que haga, y él también se sentirá orgulloso y confiado.El mundo dejará de estar lleno de caras de preocupación que solo transmiten miedo: le acompañaremos y apoyaremos en su recuperación.

Actuar a favor de los maltratados

Cuando leemos una noticia sobre maltrato animal, podemos hacer muchísimas más cosas que sentir pena. Podemos ayudar a quien haya recogido a ese animal abandonado a costear facturas veterinarias o el alimento.

También podemos colaborar en la búsqueda de un adoptante definitivo para cuando se haya repuesto. Quizás podamos formar parte de protectoras de animales que hacen prevención y así contribuir a la disminución de la cantidad de casos de maltrato que vemos.

Además, podemos ser quien denuncia, recoge y cuida de los animales maltratados. Cada voluntario, cada par de manos ayudando en un refugio, es definitivo en el funcionamiento de protectoras y perreras; y salva, literalmente, vidas.

Con pena, no podríamos hacer nada de esto. La pena nos paraliza y nos impide actuar, y un animal abandonado o maltratado necesita a alguien que actúe por él.

Te puede gustar