Todo sobre la torsión gástrica

Mariela Ibarra Piedrahita · 25 abril, 2015

La torsión gástrica, también conocida como dilatación gástrica, es un riesgo muy serio para los animales que llegan a padecerlo y que de no ser tratada a tiempo, puede ser mortal. Corresponde a una distensión (inflamación) aguda del estómago, que hace que este se retuerza y estrangule el órgano. Este mal es muy difícil de tratar, en especial cuando el cuidador no se percata que su mascota está padeciéndolo.

Se tienen muchas hipótesis sobre lo que causa la distensión gástrica. Sin embargo, no existe aún un estudio que sea lo suficientemente concluyente para determinar a ciencia cierta, qué la produce. Dentro de estas hipótesis, se encuentran las predisposiciones de ciertas razas, en especial aquellas de tipo grande o gigante, los perros con dificultades de estreñimiento o problemas digestivos y aquellos que sufren de debilitamiento de los ligamentos estomacales.

La torsión gástrica se agudiza cuando, producto de la acumulación de gases (no está determinado si es debido a que parte de su aparato está retorcido o es la acumulación la que causa la torsión) el estómago se le inflama, cortando el flujo de circulación a diferentes órganos y causando la muerte de los delicados tejidos. Este mal debe corregirse rápido, pues puede causar la muerte en un lapso muy corto, al impedir que el can vacíe el contenido estomacal.

Hipótesis

perro obeso

No está claro qué ocurre primero, si la torsión o la inflación, por lo tanto se dificulta mucho saber exactamente por qué se produce esté mal. Por ejemplo, aún no está muy claro si esto se debe a una causa genética o medioambiental. Es decir, se ha observado la incidencia de esta enfermedad en líneas específicas, dentro de una misma familia. Sin embargo, estos estudios también revelaron que varios de los canes que se usaron para la muestra, pertenecían a un mismo cuidador, por lo que no se pudo determinar si la enfermedad se presentó porque los perros vivían en condiciones similares.

En un principio, se tenía la hipótesis de que la ingesta excesiva de alimentos y agua causaba esta enfermedad, pero no se pudo establecer ninguna relación. Así que los estudios más recientes se han volcado a estudiar la debilidad de ciertos órganos o sistemas (por ejemplo los que permiten las contracciones de los músculos estomacales). Igualmente se ha valorado la posibilidad de que esta enfermedad se deba a la hiperactividad de ciertas hormonas.

Así que las hipótesis sobre las causas de la torsión gástrica, están ligadas a la predisposición genética de ciertas razas a sufrir males digestivos o intestinales, el ejercicio excesivo después o antes de comer, el comportamiento hormonal (en especial de aquellas presentes en el estómago), la forma de los órganos y su funcionamiento, aunque tampoco se descartan la sobre alimentación e hidratación.

Razas con predisposición

Si bien este mal aqueja tanto a las razas pequeñas como a las grandes es mucho más frecuente en las segundas. Parece haber también una relación con la forma de la zona torácica del animal, pues es muy usual que se presente en perros con el pecho profundo, siendo animales como el San Bernardo, el Dogo y el Ovejero Alemán, en quienes más se ha documentado esta dolencia.

Síntomas

Los síntomas que se pueden percibir son:

  • Estreñimiento
  • Ausencia de expulsión de gases
  • Cólicos o dolor en la zona abdominal
  • Se puede apreciar una inflación en el estómago
  • Salivación excesiva
  • Náuseas y arcadas
  • Nerviosismo

En cuanto se presenten los primeros síntomas, se debe acudir al veterinario, pues el daño causado por la torsión puede hacerse irreparable en poco tiempo.

Dependiendo de la gravedad y el estado de la enfermedad, el veterinario tomará dos caminos, uno es una terapia de shock, que suele funcionar en las facetas iniciales. La segunda es un procedimiento quirúrgico para corregir la torsión. Sin embargo, ninguno de los dos son una garantía de una recuperación satisfactoria, por lo tanto es un mal que es mejor prevenir que curar.

san bernardo

Prevención

  • Dividir la ración a 2 ó 3 veces en el día para evitar la ingesta excesiva de alimentos.
  • Evitar que pase mucho tiempo entre una comida y la otra, así el can no estará hambriento y comerá más despacio, evitando tragar aire demás, que le producirán gases e inflamarán el estómago.
  • El cuidador debe estar al tanto de las patologías a las que son proclives sus canes.
  • Usar un plato alto (por ejemplo usando una mesita) para que los perros grandes no deban inclinarse tanto para comer.
  • Evitar el consumo de agua antes o después de la comida, para aquellos canes que tiendan a consumir demasiado.
  • Dejar un lapso de por lo menos una hora antes y después de comer para ejercitarlo.