Fosberg, el perro que perdió a su amigo gato y le encontraron un nuevo compañero

Hay quienes no creen en la amistad entre especies diferentes, dicen que los perros protegen a los perros, los gatos a los gatos, etc… La historia de hoy no enseñará que la amistad incondicional no entiende de especies, razas o géneros, sino de la belleza del corazón. Esta es la historia de Fosberg, un bello Golden Retriever y su buen amigo, un gato romano del que no conocemos el nombre, pero vamos a llamarlo Rony.

La historia de Fosberg y Rony

Fosberg y Rony se criaron juntos… bueno, Rony tenía casi cinco años cuando el perrito llegó al hogar. Tener un gato y traer un can a casa no siempre puede ser lo más fácil, son dos especies diferentes con caracteres y personalidades distintos. En muchas ocasiones esto causa problemas.

Ese no fue el caso de Rony y Fosberg, ya que desde el primer momento conectaron a la perfección. Iban juntos a todos lados, jugaban juntos, comían juntos, se echaban la siesta juntos en el sofá y muchas veces hasta dormían juntos.

Toda una bella relación de amistad y lealtad que con el paso de los meses y de los años se iba afianzando aún más.

Y de repente…

Poco se podían imaginar los protagonistas de nuestra historia que la vida iba a dar un giro inesperado que los llevaría a entristecer: a Rony le diagnosticaron cáncer de tiroides. Su dueña, Jen Philion, hizo todo lo posible por salvar a su felino, pero el cáncer era muy agresivo y consumiría su vida en poco meses, quizá incluso pocos días.

Por ello hubo que tomar una drástica decisión, tenían que sacrificarlo. Fue una decisión dura pero acertada, pues haber dejado a Rony no habría ocasionado más que dolor al pobre animal.

La vida de Fosberg sin Rony

Cuando Jen llegó a casa después de esta amarga experiencia, Fosberg fue corriendo a saludarla y a jugar con su querido amigo. ¡Cuál fue su sorpresa cuando se dio cuenta de que la mujer regresó sola, sin Rony!

Forsberg y su antiguo amigo
Fuente: www.ideal.es

El pobre animal comenzó a llorar y a buscar a Rony por todos lados, y a pesar de las explicaciones de Jen, él no cedió en su búsqueda. Fosberg no entendía qué pasaba, solo sabía que su amigo no estaba. Cuando lo asumió, se refugió en un rincón de la casa del que solo salía para beber, porque ni siquiera podía ni quería comer.

Todos los días dedicaba varias horas alternadas a seguir buscando a Rony, búsqueda que nunca tuvo resultados. Su dueña no sabía como solucionar el asunto, ya que si el perrito seguía así por muchos días, lo más probable era que terminara enfermando.

Al hablar con su veterinario, este le dio una excelente idea que Jen puso en práctica ese mismo día.

Un nuevo amigo para Fosberg

 

Jen consiguió un nuevo amigo gato para Fosberg, Maxwell. Un gato negro que llegó a casa de Jen y el perrito con el objetivo de volver a hacer sonreír a su querida mascota, ¿lo conseguiría?

Aunque no se conocían mucho, ambos se olieron y se acercaron un poco más cada día. Fosberg ya era un perro adulto y Maxwell un pequeño cachorrito felino que no estaba acostumbrado a tener amigos tan grandes y peludos.

Poco a poco la amistad se fue estrechando y Jen pudo empezar a ver escenas similares a las que Rony y Fosberg vivieron. El peludo empezó a comer de nuevo, ambos animalitos estaban juntos, jugaban, dormían juntos e iban unidos a todos sitios.

No pasó mucho tiempo antes de que Fosberg recuperara la alegría y las ganas de vivir. Según su dueña, era obvio que el animal extrañaba su vida con un gato y lo único que necesitó fue un nuevo amigo felino que le hiciera ser feliz nuevo.

Aunque estamos seguros de que Fosberg jamás olvidará a Rony, ¿se podría aplicar en este caso aquello de “un clavo saca otro clavo”?

Fuente de las imágenes www.ideal.es

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