El perro nos trae dolor solo cuando se muere

Virginia Duque Mirón · 14 noviembre, 2015

Cuando adquirimos un perro por primera vez, no tenemos ni idea de cuánto, cuánto vamos a quererlo. Y es que escoger un perro no es algo al azar aunque lo parezca, nos decidimos por uno u otro porque sentimos una conexión especial con él. Tal vez nos encandiló su mirada, o hizo un movimiento que nos enamoró o respondió de una forma inesperada a una de nuestras caricias robándonos el alma.

Al llegar a casa

perro con familia

Al llegar a casa con tu nuevo cachorro, el cual has ido mirando sin descanso durante el camino a casa, abres la puerta lo dejas en el suelo y él te mira. No puedes evitar preguntarte: ¿y ahora qué? Bueno, ahora tienes una responsabilidad, pero también un amigo para toda la vida. Empiezas a caminar y tu nuevo amigo te sigue.

Siempre te ha molestado que las personas te sigan, quizá un amigo o hasta un familiar, pero esta vez no te molesta, es más, te hace gracia. Te hace sentir importante porque te das cuenta de que tu nuevo amigo es tan indefenso que necesita estar cerca de ti para sentirse a salvo.

En ese momento piensas que deberías ponerle agua y quizá algo de comer. ¡Suerte que compraste todo en la tienda antes de venir a casa! Y entonces, uno de los primeros momentos en que tu perro te hace sentir feliz: su alegría en señal de agradecimiento por darle agua y alimento.

Te intentas ir para que coma tranquilo, pero te mira, no quiere que le dejes solo y va tras de ti, asi que no te queda de otra que quedarte cerca para que coma. Siempre habías dicho que un animal no debe subir a la cama o al sofá, pero cuando vas hacia el sofá a ver la tele, y tu nuevo amiguito empieza a llorar por tus mimos, no puedes resistirte. Piensas que ponerlo sobre ti no es lo mismo que ponerlo en el sofá. ¡Qué excusa menos fundamentada!

Pasan los días

Así, van pasando los días y llega a existir entre vosotros un vínculo especial, tanto que casi os podéis entender con miradas. Te encanta levantarte por la mañana y que cuando tu amigo escucha que eso sucede, viene corriendo como un loco a saludarte. A veces, hasta ha llegado a molestarte, pero su dulzura, su ternura, su amor te han convencido.

Te encanta su insistencia en que desayunes rápido para que lo saques de paseo antes de irte a trabajar. ¡Salta como un loco cuando te ve coger la correa! No puedes evitar esbozar una sonrisa. Ya en la calle, él pasea de forma un tanto arrogante junto a ti como haciendo ver lo feliz que es de tenerte como dueño, mejor dicho, como amigo.

¿Y cuando regresas a casa del trabajo? Te fuiste un tanto intranquilo y triste cuando le escuchaste llorar al quedarse solo en casa. Sabes que estará bien, y por eso no puedes dejar de preguntarte por qué a pesar de los años aún te sigues sintiendo fatal por dejarlo solo.

Pero al llegar a casa, cuando escuchas desde el ascensor sus patitas correr hasta la puerta, su hocico oliendo bajo la ranura de la puerta y algún que otro llanto, no deseas más que el ascensor acelere para llegar a casa y abrazar a tu mascota. “Tranquilo, ya estoy aquí”, le dices.

Él parece no entenderte, porque sigue como un loco como si le fuera a dar un infarto. Pero tú… tú te sientes muy amado y agradecido.

Pero un día…

Autor: LuAnn Snawder Photography
Autor: LuAnn Snawder Photography

Un día, como tantos otros, te levantas y te sientas en tu sofá. Tu animalito viene a saludarte, te pide que lo saques. Tú sonríes pensando en aquellos momentos en que quisiste enseñarle a sentarse y él te miraba sin entender qué querías, o cuando le tirabas una pelota, haciendo ver que te la iba a dar, te hacía correr tras él.

Recuerdas la primera vez que lo trajiste a casa; estaba tan asustado. Aquella vez que enfermaste y no se separó de tu lado. Cómo ladraba cada vez que escuchaba un ruido intentando defenderte. O si alguien te daba un golpe bromeando intentaba morderle.

Sí, mirando hacia atrás, solo tienes buenos momentos que recordar de tu perro. Es más, si volvieras atrás no escogerías otro, porque la vida sin él no será lo mismo.

Entonces, miras abajo a tus pies, pero tu amigo fiel y leal no está. Solo fue lo que tú quisiste ver en ese momento que te llevó a navegar en los mares serenos de tus recuerdos. Y entonces entiendes una difícil pero linda realidad: un perro solo causa dolor cuando muere. Estés donde estés amigo, gracias por hacerme feliz.