Nuestro primer año juntos…

Incertidumbre, dudas, miedo y otros sentimientos son los que nos embargan cuando adoptamos una mascota por primera vez. No obstante, el cariño, la compañía y el amor que nos regala a diario, hacen que el tiempo pase casi sin darnos cuenta. Y hoy, casi sin darme cuenta, ya ha pasado nuestro primer años juntos.

Nuestro primer año juntos: desafíos

tener-un-gato-en-casa

Estuve dudando si adoptar o no. Pero cuando por fin me convencí de hacerlo y fui a buscar el cachorro ideal, no tuve que pensarlo mucho. Viniste corriendo a mí y lo supe, ¡eras tú! Aunque dicho así, por más que lo pienso, no sé si en realidad yo te escogí o fuiste tú quién lo hiciste.

Aunque eso no me importa, y creo que a ti tampoco. Lo importante es que ya ha pasado nuestro primer año juntos. No fue fácil al principio llegar hasta donde estamos, pero ambos hemos cedido y puesto de nuestra parte. Hoy no te cambiaría por nada del mundo.

Recuerdo cuando te traje a casa por primera vez. ¡Hiciste tu territorio de toda la casa, de cada rincón! No sabía si reír o llorar. Pensé que nuestra convivencia iba a ser imposible. Quizá había estado demasiado tiempo solo y eso me había hecho un tanto egoísta con mis cosas. Ahora debía aprender a compartirlas contigo.

No me quedaba otro remedio, no me diste otra opción. Tuve que compartir mi hogar, mi cama, mi sofá e incluso mi comida. Aunque todo era nuevo para mí, al final lo hice y lo hago con mucho gusto.

Enseñarte a hacerte tus cositas en la terraza o en casa no fue fácil… pero juntos lo conseguimos. ¡Por fin la casa huele genial! Y sé que también te gusta verla limpia y con buen olor.

Salir a la calle, eso tampoco fue tarea fácil. Te hablaba con cariño, y aunque al principio no parecías hacer caso, luego entendiste que debes caminar conmigo, hacerme caso si te llamo y no tirar de la correa para no hacerte daño en el cuello. La paciencia y el amor dio sus frutos.

Y hoy, después de nuestro primer año juntos, te miro, tumbado en la camita plácidamente, tranquilo y relajado, y me doy cuenta que todo el esfuerzo mereció la pena.

Nuestro primer años juntos: alegrías

jugar con tu mascota

Y no solo mereció la pena porque hayamos aprendido a convivir, sino porque me diste, me das y me seguirás dando muchas alegrías. No fueron todos desafíos lo que tuvimos, sino también buenos momentos.

Eras tan pequeño cuando llegaste a casa, que beber de tu vasija te costaba. No te llegaba la cabecita cuando casi no quedaba agua, y al intentar volcarla con la pata, te la echabas encima. Me dio penita, ¡pero a la vez me hizo tanta gracia!

Cuando llegaba de trabajar y estabas ahí, tras la puerta, llorando y arañando porque deseabas verme… ¡me hacías sentir tan bien! Estaba deseando terminar mi jornada para llegar a verte a casa. Saber que tú sentías lo mismo me hacía sentir querido, me hace sentirme querido.

Ya nunca más vi la tele solo sentado en el sofá, me encanta cuando vienes a buscar tu hueco. Me encanta que te quedes triste cuando me voy porque no es lo que quieres, y me encanta cuando vienes a dormir cerca de mí o empujas mi mano con tu cabecita para que te dé mimos.

Hoy, después de nuestro primer año juntos, puedo decir que adoptarte fue la mejor decisión de mi vida, que nos ha costado adaptarnos pero que lo hemos conseguido.

Y no me queda más que decir que aún nos quedan muchos años por vivir, nuevos desafíos que enfrentar y nuevas alegrías que descubrir. Y, ¿sabes qué? Que no habría podido escoger otro compañero mejor para ello. ¡Gracias por elegirme!

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