No quería una mascota, hasta que apareciste tú

Virginia Duque 30 septiembre, 2016

Mi vida era muy ajetreada… O eso creía yo. A pesar de mi soledad, nunca pensé en adoptar una mascota. Muchos me lo recomendaron, otros hicieron el intento de regalarme una, pero nunca logré hacerlo. Pensar en no tener tiempo para atenderla, o en el trabajo que podría darme, me hacía ir hacia atrás en mi decisión… y apareciste tú.

¿Egoísta? Sí, no lo niego. Pero ¿es que acaso se puede ser generoso con lo que no conoces? Pero un día, un día apareciste tú. Entonces todo cambió…

Cuando te encontré

Todo empezó un día cualquiera, como tantos otros. Me levanté e iba dispuesto a trabajar, corriendo, sí, siempre voy corriendo. Sin embargo, al llegar al parking para coger el coche, me tropecé con algo. Era una pequeña caja que hablaba. Digo hablaba porque escuché un leve sonido cuando sin querer la golpeé.

fábricas de cachorros

Quise saber quién era el causante del ruido, y ahí estabas tú. Ni siquiera supe muy bien qué animal eras, pues tu cabellera blanca y brillante te cubría la cara y las formas de tu cuerpo. Sin embargo, no tardaste mucho en moverte para ver quién osaba a abrir la caja, o quizá pensaste que por fin iban a rescatarte.

Te seré sincero, nunca te lo he dicho, pero tus ojos me enamoraron. No dudé ni un segundo en llevarte a casa. Mientras íbamos en el ascensor no podía dejar de preguntarme qué tipo de persona podría haber dejado un pequeño ser tan indefenso sin agua ni comida abandonado a su suerte.

Cada vez creo más que el destino nos unió…

Apareciste tú y comienza la convivencia

Deseaba no ir a trabajar ese día, no podía dejar de mirarte, pero tuve que irme. Te dejé en casa y ya no podía pensar en otra cosa. Pensé en ir a comprarte algo al salir del trabajo, pero tenía tantas ganas de verte que decidí que iríamos juntos y así podría vacunarte y buscarte un buen veterinario.

¿Me estaba oyendo? ¡Si yo nunca había querido un perro… Hasta que apareciste tú. 

Recuerdo el primer día que estuviste en casa. No voy a negar que no comenzaste con buen pie para ser mi nuevo compañero de piso. Orinaste por todas partes, te comiste mis zapatillas y los vecinos se quejaron de tus llantos. A pesar de ser tan perfeccionista, todo eso me hizo risa más que enojarme.

La convivencia no fue fácil, no voy a negarlo, pero poco a poco yo aprendí a ser más transigente y menos fanático y tú aprendiste cuál es tu lugar y qué debes respetar.

Verte crecer, tener a alguien con quien “hablar” al llegar a casa, alguien con quien jugar, alguien con quien salir. Tú has cambiado mi vida. Apareciste tú y mi mundo cambió. De hecho, ya no podría imaginarme la existencia sin ti. Mis amigos no creyeron que tenía un perro cuando vinieron a casa.

Pero luego tú y yo nos reíamos de sus caras al verte, de sus expresiones al ver que eras una realidad.

Gracias por cambiar mi vida

respiracion asistida para cachorros

Hoy todavía me enrabieto cuando la gente cree que los animales no tienen nada que enseñarnos. ¡Si supieran cuánto has cambiado mi vida! ¡Si tan solo pudiera transmitírselo!

Hoy soy alguien diferente porque hay mucho que tú me has enseñado. Y es que desde que apareciste tú aprendí a compartir, a ser generoso, a no pensar tan solo en mí, a amar y ser amado, a asumir responsabilidades y a muchas otras cosas.

Por ello y por toda la felicidad que me has regalado, hoy quiero darte las gracias. Porque desde que apareciste tú, mi vida, mi hogar y yo mismo somos diferentes.

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