Los animales también aman la música

Alba Muñiz · 2 mayo, 2015

Nuestras mascotas, como miembros de la familia que son, comparten actividades y gustos con nosotros. O al menos eso creemos sus dueños. Seguramente, más de una vez sorprendiste a tu gato mirando atentamente la pantalla del televisor. O encontraste a tu perro durmiendo con placidez mientras sonaba una buena melodía de fondo.

Lo que en realidad sus dueños no sabemos es cómo decodifican estas señales visuales y sonoras que reciben y qué significan para ellos. En el afán de demostrar que los animales disfrutan de la música tanto como los humanos, se han realizado numerosos estudios a lo largo de los años y han surgido nuevas disciplinas, como es el caso de la zoomusicología.

Investigaciones para demostrar que los animales también aman la música

dos perros

-Tiempo atrás, Galaxie -la red de canales musicales de la radio nacional canadiense- llevó a cabo un estudio que concluyó que los animales domésticos son aficionados a la música. Observaron que perros y gatos reaccionaban de manera distinta ante canciones diferentes y que hasta tenían temas favoritos. También advirtieron que, cuando las mascotas quedaban solas en la casa, preferían escuchar una suave música de fondo antes que el silencio.

-Científicos de la Escuela de Psicología de la Universidad de Queens llegaron a la conclusión de que la música clásica ayuda a la relajación de los perros, reduce sus ladridos e incrementa el tiempo que dedican al descanso. Al contrario, si se los hace escuchar heavy metal, se intensifican sus niveles de agitación y los ladridos se vuelven interminables. Cualquier parecido con el efecto que estas músicas provocan en los humanos, no parece ser una simple coincidencia.

-Hace más de 100 años se realizó un experimento en el Zoológico del Bronx, que fue publicado en el diario The New York Times bajo el título “Los efectos de la música sobre Animales del Zoo”. Allí se relataban las reacciones de diferentes especies ante los estímulos musicales. Por ejemplo, se señaló que a los orangutanes les agradaban las interpretaciones de Caruso y que movían su cuerpo al compás del swing. Al contrario, coyotes y lobos manifestaban susto e intranquilidad.

-Cien años más tarde, un psicólogo de la Universidad de Wisconsin realizó un estudio con primates y comprobó que los monos reaccionaban a los sonidos de acuerdo a la intensidad: algunas melodías los relajaban y otras alteraban su comportamiento.

-Según una investigación de la Queen´s University de Belfast, la música clásica es la favorita de perros y gatos. Convencido de esto, un músico estadounidense, Félix Pando, grabó un disco con composiciones de grandes autores clásicos pero adaptadas a estas mascotas. ¿Cómo? Generó melodías relajantes emitidas por instrumentos cuyos sonidos y frecuencias son particularmente atractivos para ellos. Su música también incorpora efectos especiales como el canto de los pájaros, maullidos y ladridos.

-Otros estudios comprobaron que algunas vacas incrementan su producción de leche si escuchan “Las cuatro estaciones” de Vivaldi, o que los cerdos engordan más rápidamente con Mozart de fondo. Las investigadores concluyeron que el causante de estos efectos era el ritmo y no la melodía.

A cada animal su música

gato cama

La zoomusicología –también llamada zoosemiótica- es una fusión entre la zoología y la musicología que estudia la música de los animales y cómo estos seres responden a los sonidos y qué efectos les generan.

El psicólogo Charles Snowdon descubrió que la mejor manera de estudiar el efecto de la música en estos seres era crear una específica para cada especie, ya que escuchan en frecuencias diferentes a las de los humanos.

Así fue que especialistas generaron música a partir de la mezcla de ritmos, con el mismo rango de frecuencias que los felinos utilizan para comunicarse entre sí, y canciones que tienen un ritmo similar al del ronroneo. Luego, tomando como muestra a 47 gatos, se concluyó que los animales mostraron su preferencia por las canciones compuestas especialmente para ellos. Cada vez que sonaban estas melodías, algunos de los gatos rozaban su cara con los altavoces. Por el contrario, permanecían apáticos cuando se los hacía escuchar la tradicional música clásica que disfrutan los humanos.

Lo cierto es que, aunque todo parezca demostrar que las personas tenemos gustos diferentes a nuestras queridas mascotas en materia musical, sí compartimos el gusto por escuchar una buena pieza, según los parámetros de cada uno.