La increíble relación de una niña autista y su gato

Francisco María García · 19 abril, 2016

La historia de la niña Iris ha dado la vuelta al mundo gracias a sus obras de arte. Pero la llegada de su gato Thula a su vida ha conseguido aún más progresos.

Iris Grace Halmshaw es una niña británica de seis años que fue diagnosticada con autismo cuando tenía dos años. Desde ese momento, sus padres han trabajado y luchado para ayudarla y que la pequeña logre conectarse con el mundo.

Sin embargo, el avance más importante para Iris llegó de la mano de su mascota, Thula, un gato Maine Coon que ya tiene dos años y que ha ido convirtiéndose en un compañero inseparable de la niña, entre otras cosas por el comportamiento del pequeño gatito.

La mamá de Iris, Arabella Carter-Johnson ha afirmado que antes de Thula probaron con otros animales, conscientes de la teoría de la conexión que muchas veces establecen los niños autistas con las mascotas. Empezaron haciendo pruebas con perros y caballos, pero no se obtuvieron resultados interesantes.

Algunas carencias de la niña

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Fuente de la imagen: www.infobae.com

La modalidad de autismo de Iris se caracteriza por tener patrones de sueño irregular, comportamiento obsesivo, falta de contacto visual, introspección y falta de comunicación, mala o escasa sociabilidad y nada de interacción en el juego, tanto con los padres como con otros niños. Y se siente muy insegura ante todo lo que sea nuevo o desconocido.

El contacto entre la niña y el gato se establece cuando el hermano de Arabella se iba a ir de vacaciones y necesitaba que alguien cuidara a su gato. Toda la familia tuvo una gran sorpresa al ver cómo enseguida la niña y el gato tuvieron una interesante conexión. A raíz de esta experiencia, la madre de Iris comenzó a investigar qué tipo de felino sería el más adecuado para Iris.

Empezó a recibir información sobre los Maine Coon, animales felinos muy amables, cariñosos, inteligentes, y curiosamente aficionados a mojarse. El éxito ha sido muy grande. De una forma increíble, cuando Thula está con el resto de la familia, puede ser un gato travieso. Pero cuando está con Iris, pareciera saber lo que debe hacer.

Si nota que la niña se inquieta por algo, por ejemplo en el coche, el gato se acerca y se sienta en su regazo, hasta que se tranquiliza. Si Iris se despierta durante la noche, asustada, él la acompaña hasta que vuelve a conciliar el sueño.

Una estrecha relación

Iris no habla con nadie, no trata directamente con nadie, excepto con su felino. Palabras muy sencillas, como “sentado gato”, o “más gato”. Pero esto, con ser poco en apariencia, es una explosión de ilusión para la familia.

La relación entre el minino y la niña es tan estrecha que la madre, Arabella, apenas si puede creer lo que observa cada día.

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Fuente de la imagen: www.elmundo.es

La gatita Thula está considerada una de las más razas más inteligentes del mundo y su suave pelaje es muy parecido a acariciar un peluche. Su carácter es dulce y compasivo, cualidades muy importantes para Iris, pues el autismo es una enfermedad que conlleva mucha soledad y poca sociabilidad, comunicación, imaginación, planificación y reciprocidad emocional.

Aunque es cierto que no es problema para los niños que tienen autismo potenciar sus habilidades dentro de sí mismos; sin embargo, la niña parece tener un talento especial para la pintura, y en eso ha obtenido un fiel ayudante y amigo, su gato terapéutico, “Thula”.

Thula ha conseguido que Iris baje su nivel de ansiedad y tenga más calma y más seguridad en sí misma. Sus palabras como “sentarse gato” no son fáciles de escuchar en un niño autista.  Según palabras de la madre de la niña,  “Anteriormente apuntamos a Iris a equino-terapia, pero no parecía muy interesada ni estimulada por ello, tuvimos también un perro, pero sus lametones, el movimiento de su cola y su actividad hacían que ella no se sintiera bien y no quisiera ni acercarse.

Arabella continua comentando que “después de diferentes animales y terapias, la casualidad lo cambió todo. Un día de Navidad llegó la novia de mi hermano diciéndome que iba a hacer un viaje al extranjero y que si podría cuidar de su gata. Yo respondí que sí. Cuando Thula e Iris se conocieron, pensé que habían conectado de maravilla. Y no me equivoqué”.

Esta preciosa historia está consiguiendo un gran seguimiento a través de las redes sociales.