Cada caricia nuestra hace feliz a nuestro perro

Virginia Duque Mirón · 20 noviembre, 2015

Desde el primer día que nuestro perro llegó a casa, nos dejó ver de forma clara cuánto nos necesita y cuánto nos quiere. Su amor fue incondicional desde el primer día que llegó a nuestras vidas y siempre ha agradecido cualquier pequeño gesto de amor que hayamos tenido hacia él por mínimo que fuera.

Tu perro ha convertido la convivencia en un juego de caricias que no se puede obviar porque hasta él mismo las reclamará. Nunca permitirá que te vayas de casa dándole un beso a tu pareja o tus hijos sin que le des su caricia a él. Se te quedará mirando con cara de tristeza, como aquel gato de la película Shreck, ¿lo recuerdas? ¿Quién puede resistirse a esa mirada?

Aunque también es cierto que hay momentos en los que tu perro es independiente y en los que por más que lo busques, no te hará ni caso. ¿Cómo saber cuándo tu perro está receptivo?

Caricia cuando él quiere no cuando tú quieres

Autor: slowdevil
Autor: slowdevil

El gran descontento de muchas personas hacia los gatos es que son muy independientes, pero hay momentos en los que los perros también lo son. Muchas veces se van solos a una habitación o debajo de su silla o su sofá preferido y por más que lo llames porque quieres hacerle una caricia, él no hace ni caso.

Y es que, los perros aman que los acariciemos pero a veces, necesitan su espacio. Así que ellos deciden cuándo, dónde y quién. Pero cuando desean nuestras caricias, no habrá quien los pare, nos buscarán sin parar hasta conseguir lo que quieren.

Cómo busca tu caricia

Hay muchas formas de saber cómo y cuándo tu perro quiere una caricia tuya. Y todo empieza desde el principio del día. Cuando te levantas, bueno mejor dicho, cuando suena tu despertador, tu perro lo oye antes que tú y va como un loco sin control a saltar en tu cama y meterte la lengua en la boca, en la nariz, ¡en las orejas! Tu primera reacción es un poco de enfado pensando: “¡Qué asco!” Lo coges y le dices que se esté quieto.

Pero ahí está, de nuevo esa mirada de gato de Shreck y no puedes más que sonreír y empezar a acariciarlo mientras él gira y gira como un croqueta panza arriba y empieza a caminar con las cuatro patas a la vez sobre la cama mientras se acerca a ti. A todos nos gusta recibir cariño, pero nos encanta darlo a personas (o animales) que saben apreciarlo.

Cuando decides que ya es momento de levantarse, empieza la persecución. Tu perro te sigue allá donde vas como preguntándote, ¿quién te dijo que esto acabó? No tiene hambre, solo quiere una caricia más, o dos o unas cuantas de cientos más.

Pero ya no tienes tiempo, debes ir a trabajar. Le pones comida, lo sacas rápidamente a que haga sus cositas, (que no se queje, lo acariciaste de nuevo en el ascensor) y después de darte una última ojeada en el espejo te vas hacia la puerta. Sales y la cierras tras de ti cuando… no, no puedes irte sin darle su última caricia. Ya lo escuchas llorar, eso te hace sentir mala persona.

Abres la puerta de nuevo y él se pone tan loco como si hiciera 5 horas que no te ve. Le das un última caricia y le aseguras que regresarás pronto. Esta vez no lloras cuando cierras la puerta; le faltaba tu caricia.

caricia cachorro perro

Al llegar del trabajo… bueno ya sabes, histeria total seguida de la persecución. Hasta que comes y come. Entonces al sentarte en el sofá, ahí está él. Junto a tu pierna empujando y empujando reclamando tus caricias. Pero al adentrarse la tarde, llega su momento de independencia. Ese momento al que tú estás ajena porque estás sumergida en tus labores, hasta que te das cuenta de que hacía rato que no lo ves.

Lo llamas y lo vuelves a llamar y él no viene, no aparece. ¿Te habrás dejado la puerta abierta? Empiezas a buscar hasta que lo ves ahí, escondido como huyendo de tus caricias, aunque esa huida no dura mucho. Pronto vuelve a tus brazos.

Y es que no lo puede evitar, no importa si es por la mañana, la tarde o la noche, tu perro no podrá vivir sin una caricia tuya. Cada ve que tu perro siente una caricia tuya, él es feliz, y la felicidad se necesita para vivir.