Actualizaciones en torno al cuidado de ratas de laboratorio

28 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la bióloga Ana Díaz Maqueda
Las ratas son uno de los animales más utilizados en experimentación. Por esta razón, su cuidado está recogido en las distintas legislaciones.

Los roedores, en este caso las ratas, son el primer eslabón para estudiar los efectos de nuevos fármacos o técnicas médicas. Su uso como animal de laboratorio se remonta al siglo XVI. Desde entonces, las ratas han sido usadas para estudios neurológicos, determinar la toxicidad de productos o la letalidad de un químico.

Para que los resultados sean significativos y tengan valor científico, es imprescindible mantener el bienestar animal. El cuidado de ratas de laboratorio conlleva, no solo que estas estén alimentadas y limpias, sino que puedan llevar a cabo todo el repertorio conductual que implica su etología.

La investigación con animales es un tema extremadamente controvertido debido a las implicaciones éticas y morales que tiene el uso de animales para beneficio humano. Ya que, en casi todos los casos, se acaba con la vida de estos seres, ya sea por la experimentación en sí o por la eutanasia final. Por ello, la experimentación con modelos animales está estrictamente regulada, tanto antes como durante el experimento. 

A pesar de que se sigue estudiando el comportamiento de la rata en cautividad, cómo podría mejorarse el bienestar de estos animales de laboratorio o cómo refinar las técnicas para infringirles menos dolor o angustia, la legislación no se actualiza.

Al no existir una regulación mundial, cada país evoluciona a su ritmo y, en pocos casos, ha habido algún cambio desde el año 2013.

La rata como modelo animal

La rata de laboratorio, usada con fines experimentales, se ha criado durante miles de generaciones bajo condiciones controladas. Por ello, hoy en día, existen cepas que son usadas para la investigación de enfermedades concretas y, otras, se utilizan para analizar los efectos de ciertos químicos, ya sean aditivos o conservantes para alimentos, herbicidas, venenos y otros muchos productos. Estos, por la legislación vigente, deben ser testados en animales para asegurar la inocuidad de su uso.

El rápido paso generacional, la facilidad de cría de la rata y su similitud con la fisiología humana, hacen de este animal un buen modelo de estudio. Sin embargo, no podemos olvidar que son seres sintientes y que requieren unas condiciones y un ambiente que los mantenga sanos, tanto física como psicológicamente.

El cuidado de las ratas de laboratorio

Para el cuidado de ratas de laboratorio se deben tener en cuenta el tipo de alojamiento, su edad y su peso. Ya que, dependiendo de todo esto, los animales se estabulan de una forma u otra, según la legislación vigente.

Las ratas cuyo peso corporal se mantenga entre los 200 y los 600 gramos, deben ser mantenidas en un recinto con una superficie superior a los 800 centímetros cuadrados. Pero, si las ratas pesan más de 600 gramos, la jaula donde vivan debe ser mayor a los 1500 centímetros cuadrados.

Ratas de laboratorio juntas en una jaula con pienso.

Otros factores a tener en cuenta son el sonido y las vibraciones, la temperatura de la sala y la ventilación. Las ratas son animales con un agudo sentido del oído. Son capaces de escuchar el ultrasonido, algo que el ser humano no puede. Por ello, es primordial alejar de ellas cualquier aparato electrónico que los produzca.

Parte de los sonidos que producen las ratas son a una frecuencia por encima de los 20 KHz –ultrasonido–, por esta razón pueden estresarse mucho si el sonido no viene de sus compañeras.

Con respecto a la temperatura, el rango óptimo está entre 19 y 23 ºC. Si varía unos 2 grados por encima o por debajo, pueden detenerse funciones vitales como la reproducción. Además, si la temperatura baja o sube demasiado, pueden observarse daños fetales.

Por otro lado, la sala donde se encuentren las ratas estabuladas debe cambiar el aire regularmente. Si se usa una ventilación con aire recirculado, las impurezas y las bacterias podrían causar estragos en la salud y en el bienestar de las ratas.

Por último, también se debe controlar el ciclo de luz-oscuridad, que suele ser 12-12, es decir, 12 horas con luz y 12 con oscuridad. Si el estudio que se esté realizando entra dentro del rango de oscuridad, los técnicos deben trabajar bajo luz roja –invisible para las ratas– y no molestarlas. Desgraciadamente, no es algo que suela tenerse en cuenta y no es obligatorio.

La nutrición en ratas de laboratorio

Pienso para roedores.

Los requerimientos nutricionales de algunos animales de laboratorio están ampliamente documentados. En contraposición, existe una falta de conocimientos sobre la alimentación de ciertos primates no humanos y otros animales de experimentación. Este no es el caso de las ratas, de las cuales sí sabemos cuáles son sus necesidades de proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas, sales minerales y fibra. 

Actualmente, existe la comercialización de piensos totalmente balanceados para ratas y ratones de laboratorio. Este alimento está pensado para ofrecer a la rata todos los nutrientes que necesita, además, por su dureza, pueden desgastar los dientes. Algo fundamental en roedores.

Contrariamente, al estar tan facilitada su alimentación, nos olvidamos que las ratas necesitan forrajear –buscar alimento–, un comportamiento totalmente natural y sano en ellas que, además, evita el aburrimiento.

La posibilidad de forrajeo debería formar parte del enriquecimiento ambiental obligatorio del que deben disponer las ratas.

El papel del enriquecimiento ambiental en las ratas de laboratorio

El enriquecimiento ambiental comprende un conjunto de objetos, materiales y también alimento, que simulen el ambiente natural de la rata. De esta forma, evitamos el aburrimiento en los animales, que pueden desplegar todos sus comportamientos naturales.

Las consecuencias de un ambiente poco enriquecido pueden ser nefastas. Desde la aparición de estereotipias o comportamientos repetitivos sin finalidad, hasta los comportamientos deletéreos, donde los animales se automutilan.

Para las ratas, el tipo de enriquecimiento ambiental más importante es el social. Estos animales necesitan la compañía constante de sus congéneres que, en condiciones de laboratorio, son individuos de su mismo sexo. Ocasionalmente, un estudio puede implicar la individualización de los animales. Esto sólo se contempla en investigaciones de corta duración y, si se realizara en uno que durase más, debe estar estrictamente justificado.

Pareja de ratas de laboratorio en su jaula.

Por último, las ratas siempre deben contar con material para crear el nido de descanso y algún objeto para mordisquear. Idealmente, otros juguetes deberían ser administrados, sin embargo, estos no son obligatorios.

Sin lugar a dudas, de cualquier manera, esta no es la mejor forma de mantener animales y mucho menos usarlos para tales fines. Los investigadores deberían trabajar hacia un mismo fin, acabar con el uso de animales en investigación.

  • Benjamin, B. (2019). Overview of laboratory animal lifestyle, care, and management: a case study of albino rats. Journal of Applied Sciences and Environmental Management, 23(8), 1431-1435.
  • Couto, M., & Cates, C. (2019). Laboratory guidelines for animal care. In Vertebrate Embryogenesis (pp. 407-430). Humana Press, New York, NY.
  • Hurst, J. L., Barnard, C. J., Nevison, C. M., & West, C. D. (1997). Housing and welfare in laboratory rats: welfare implications of isolation and social contact among caged males. Animal Welfare, 6(4), 329-347.
  • Ley 32/2007, de 7 de noviembre, para el cuidado de animales, en su explotación, transporte, experimentación y sacrificio (BOE 8-11-2008).
  • Real Decreto 53/2013, de 1 de febrero, por el que se establecen las normas básicas aplicables para la protección de los animales utilizados en experimentación y otros fines científicos, incluyendo la docencia (BOE 8-2-2013).
  • Whishaw, I. Q., & Kolb, B. (2020). Analysis of behavior in laboratory rats. In The Laboratory Rat (pp. 215-242). Academic Press.