Educar a un perro es una lucha entre el corazón y la razón

Virginia Duque Mirón · 6 octubre, 2015

Seguro que recuerdas el primer día que trajiste a tu pequeño cachorro a casa. Te miró tiernamente cuando le dejaste en el suelo preguntándose quién será este ser humano. Tú lo miraste con amor, deseoso de darle lo mejor y hacer de él un buen perro, pero con temor de no saber cómo lo podrías educar.

Cuando fueron pasando los días, al ir viendo las pequeñas cositas que te hacían reír, al sentir sus primeros mimos, tu corazón se fue enterneciendo y tu amor por él fue creciendo aún más. Incluso, si no te obedecía, incluso si cuando le dabas una orden, la ignoraba, no podías evitar reírte. Pero, ¿es esa una buena actitud a la hora de educar a un perro?

La verdad es que encontrar el equilibrio entre el amor que sentimos por nuestra mascota y lo que quereos que él aprenda es difícil, muy difícil. Hay que intentar controlar nuestros sentimientos y emociones y no dejarle ver al animal que no vamos en serio y que nuestro amor por él está por encima de su obediencia. Debes ser su amigo, pero ante todo, su dueño.

Educar a un perro: Tú eres el dueño

perro da la pata

¿Recuerdas la primera vez que le pusiste papel de periódico para que hiciera sus necesidades allí? Seguro que lo empezó a morder y a arrastrar por toda la casa. No pudiste evitar reirte y perseguirlo para que te diera el papel. Fue una ocasión divertida, pero seguro que esa actitud no te sirvió de mucho a la hora de enseñarle que sus necesidades debía hacerlas en el papel.

Si no quieres que eso te suceda eternamente, debes aprender a ser el dueño y no solo el amigo de tu mascota. Esto se le puede mostrar con pequeños gestos que para nada evadirán el amor que le tienes y que le tendrás que seguir demostrando el resto de su vida.

  • Sé amoroso pero firme. Cuando des una orden al animal, una de las principales formas de educar, no dejes de ser amoroso, pero muestra firmeza y seriedad en tu voz. El perro debe tener claro lo que estás pidiendo de él y que acurrucarse cerca de ti o lamerte no le dará resultado para que te eches atrás.
  • Cumple con lo que pides. Si has enseñado al animal a que no haga algo, como por ejemplo, a no subirse en el sofá, no permitas que lo haga nunca, bajo ninguna circunstancia, ni aun si está enfermo o te apetece acurrucarte a su lado. Es mejor que seas tú quien baje del sofá para no confundir al animal. Recuerda poner al tanto a todos los miembros de la familia de lo que el perro no puede hacer. Es un buen método para educar.
  • Decide cuándo y dónde. Eres tú quien debe decidir cuándo y dónde se come, cuándo y dónde se duerme, cuándo y dónde se sale y un largo etcétera. No es el animal quien toma esa clase de decisiones. Tampoco tienes que ser un tirano, pero el animal debe tener claro cuándo y dónde hacer qué.
  • No vayas detrás de él. Cuando lo saques a pasear no permitas que sea él quien vaya delante, sino a tu lado. Eres tú quien lleva las riendas en esta relación, y en este caso, también la correa. No le des tirones fuertes si no te obedece, sino suaves y breves. Si lo sueltas en algún lugar que pueda correr y no obedece a tu llamada, vuelve a ponerle la correa en señal de castigo. Debe saber que tú eres el líder de su manada.

Educar a un perro: No le muestres debilidad

premio para perros

Esas palabras podrían resumir todo este artículo. Como te hemos dicho en varias ocasiones, los perros descienden de los lobos, quienes andan en manadas. Toda manada necesita un líder y si el perro no ve clara la figura de su líder, él mismo se autoproclamará como tal. No se lo permitas.

Si el perro ve que ante cualquier mimo, lametazo, llanto o arrumaco tú te enterneces y olvidas tus órdenes o las cosas que antes le has enseñado, al final irá olvidando todo y tendrás que empezar desde el principio. Recuerda empezar a educar a tu perro desde bien pequeño. Conforme crecen es mucho más difícil hacerlo.