Diagnóstico y manejo de tumores en caballos

3 enero, 2021
Este artículo fue redactado y avalado por la veterinaria Érica Terrón González
La mejora de la calidad de vida de los animales domésticos trae consigo innumerables beneficios para su supervivencia. En contraposición, enfermedades que antes no se diagnosticaban ahora llegan para quedarse.

La frecuencia de aparición de tumores en caballos es, por fortuna, reducida —apenas un 3 % de las patologías que afectan a la especie—. Se desconoce la razón de esta aparente resistencia de un animal que, para muchas otras enfermedades, es especialmente sensible.

No obstante, cada vez se diagnostican más casos de cáncer en équidos. Esto se achaca al incremento de su esperanza de vida como consecuencia de los cuidados y el avance de la medicina veterinaria.

Sobre todo, la aparición de estas patologías se relaciona con los cambios sociológicos que han conducido a considerar al caballo más allá de un animal de carga o trabajo. Esto permite que se desarrollen procesos oncológicos con mayor frecuencia.

Diagnóstico de tumores en caballos y pequeñas nociones sobre su manejo

La función del veterinario ante una patología de este calibre es llegar lo más pronto posible a un diagnóstico. Así será posible aplicar un tratamiento eficaz con presteza y efectividad.

Un caballo.

Primer paso: determinar la naturaleza exacta del proceso

Como paso previo al análisis del tumor, hay que evaluar el estado general del caballo. Conocer su edad, la exposición a factores de riesgo, antecedentes clínicos y otros parámetros es esencial.

Lo siguiente será ya localizar el tumor y conocer su extensión. En caso de que el tumor se aprecie a simple vista —es decir, que se observe bajo la piel—, el propietario del animal puede ser de gran ayuda. Puede proporcionar información sobre cambios en la forma de la masa o en su color.

No todos los tumores son tan evidentes. Por ello, es necesaria una exploración física exhaustiva de cualquier caballo donde se sospeche de cáncer.

Finalmente, habrá que establecer los efectos del tumor en el paciente. Por un lado, los efectos derivados del crecimiento de la masa, que comprime y altera los órganos cercanos y, por otro, los signos clínicos generales, como pueden ser la fiebre o la debilidad.

Segundo paso: establecer el pronóstico específico y diseñar la estrategia terapéutica

Esto dependerá del tipo de tumor, su localización, su extensión y las posibles complicaciones. El tratamiento debe permitir el control de la enfermedad dentro de lo posible, con la mínima afectación del estado general del animal. Como es evidente, también es esencial que presente un coste económico asumible para el propietario.

Tumores en caballos: los tumores cutáneos más frecuentes

Los tumores cutáneos constituyen el 80 % de los tumores en los équidos. Además, suelen ser los más evidentes para el propietario, quien de inmediato recurre a un profesional para que diagnostique a su animal.

Aunque se han descrito numerosos tipos dentro de esta variedad de tumores, los tres más frecuentes son los sarcoides, los carcinomas de células escamosas y los melanomas. Te los contamos en las siguientes líneas.

1. Sarcoide equino o cáncer de piel

Este tipo de tumores constituyen el 30 % de todos los tumores cutáneos de los caballos. Se producen por la acción de un virus, en concreto, del Papilomavirus Bovino. Para que este virus haya llegado desde las vacas hasta los caballos, han sido necesarias las moscas, que actúan como vectores.

Son tumores agresivos a nivel local, pero no suelen dar lugar a metástasis. Lo habitual es que se localicen en la cabeza, el abdomen o las extremidades. Afectan con más frecuencia a caballos de entre 2 y 10 años de edad.

2. Carcinoma de células escamosas

Las células escamosas forman parte de distintos epitelios, entre ellos la piel. Un 20 % de los tumores cutáneos en caballos son carcinomas de células escamosas. Tienen su origen en la radiación solar ultravioleta, por eso son más comunes en razas de piel clara.

Afectan sobre todo a zonas claras y despigmentadas, como pueden ser las uniones entre piel y mucosa. De ahí que se suelan diagnosticar en párpados, labios, nariz o genitales. De hecho, precisamente en los párpados, son los tumores más frecuentes.

Sea cual sea su localización, suelen ser tumores solitarios que se agravan con el paso del tiempo, generalmente agresivos con los tejidos cercanos. Un 10-15 % de los casos dan lugar a metástasis. Las lesiones más frecuentes pasan a encontrarse en los ganglios regionales, la parótida y la cavidad torácica.

3. El último de los tumores en caballos: el melanoma

Los melanomas tienen una frecuencia aproximada del 5-15 % y son más habituales en caballos de capa clara, aunque pueden aparecer en cualquiera. Se considera que su origen está en la mutación de algunos genes relacionados con el color pero lo cierto es que, de nuevo, interviene el efecto de la radiación solar.

Pueden aparecer en cualquier localización, pero son más frecuentes en la base de la cola, cerca del ano, en los genitales o alrededor de las orejas.

Son de color marrón oscuro o negro, aunque también los hay amelánicos —lo que significa que no contienen melanina, el pigmento que les da el color—. A medida que se desarrollan y se agravan, aparecen úlceras en la piel afectada. Pese a todo, dos tercios de los melanomas tienen un comportamiento benigno.

Eso sí, aquellos que causan metástasis pueden alcanzar órganos como el bazo, el hígado o el pulmón.

Los tumores en caballos pueden ser graves.

La importancia de los tumores en caballos

Si bien los tumores se describen como enfermedades de poca frecuencia en esta especie, cada vez se diagnostican más a menudo. Sobre todo son comunes aquellos que afectan a la piel, porque al fin y al cabo resultan más evidentes para el propietario, quien acude al veterinario.

Por lo tanto, es recomendable estar muy atentos y hacer revisiones periódicas en el animal para evitar complicaciones. Tratar estos fenómenos lo antes posible es necesario para lograr un buen pronóstico.