Cuándo podemos decir ‘Sí’ a la eutanasia

Paco María García 3 octubre, 2016

La eutanasia, entendida como sacrificar a los perros, siempre como prescripción del veterinario, suele ser una de las situaciones que más dolor genera en los dueños.

Las causas más usuales que producen la necesidad de la eutanasia suelen ser las enfermedades crónicas y graves. Son estas dolencias fuertes como consecuencia de la avanzada edad del perro, etc.

Crisis emocional por la eutanasia

Para los propietarios de los animales enfermos, o muy ancianos, la práctica de la eutanasia produce unos sentimientos de culpabilidad y de tristeza de mucha intensidad.

Entre las preguntas que más frecuentemente se suscitan están: ¿Haré lo correcto si decido practicar a mi perro la eutanasia? ¿Sufrirá? ¿Le acompaño en el momento de practicársela? ¿Puedo llevarme sus restos tras su muerte? ¿Cómo conseguiré superar la muerte de mi mascota?

Cuestiones importantes

perro enfermo

Lo primero a tener en cuenta es que, cuando el veterinario plantea la posibilidad de practicar la eutanasia, es porque está seguro de que el perro padece dolor y el desenlace es inevitable y cercano. Este aspecto es el más importante.

La calidad de vida de un animal enfermo o que sufre graves problemas físicos derivados de la edad avanzada disminuye de manera importante. En algunos casos, los perros dejan de andar, se hacen sus necesidades en casa, padecen fuertes dolores, pierden la vista y el oído.

Ante estas situaciones, lo más importante es evitar el padecimiento y el sufrimiento. Por esta razón, y aunque se trate de una decisión dura y muy dolorosa, no debemos sentirnos culpables por buscar el bienestar del perro.

Las dudas sobre el sufrimiento del animal en la eutanasia

El mismo término “eutanasia” procede etimológicamente del griego, y significa “muerte buena”. Su finalidad, como vemos, es evitar el dolor y el sufrimiento al perro.

Por tanto, el proceso de la eutanasia no causará ningún dolor al animal. Se quedará dormido de una forma natural y con toda serenidad. Incluso hay en la actualidad técnicas que permitirán que ni siquiera nuestra mascota sienta el pinchazo preciso para introducir la sustancia que servirá para la práctica de la eutanasia.

La compañía del dueño

Aunque sea muy doloroso para el dueño, es importante para el perro sentirse acompañado en sus últimos momentos. A pesar de que no sienta dolor ni sufrimiento cuando se le pone la inyección, hay que tener en cuenta que se encuentra en un lugar extraño, la clínica veterinaria, donde muchos canes se sienten nerviosos.

Por eso, la compañía de su dueño le aporta tranquilidad y serenidad. El perro no es consciente de que se le practicará una eutanasia, pero puede tener miedo a que le hagan daño. Es recomendable acompañar al peludo en sus últimos momentos para que no se sienta solo.

Respecto a las sensaciones de los dueños, es importante decir adiós a su perro y tener la sensación de acompañarle en el momento de morir. De esta forma, el duelo posterior será más fácil de superar. Será muy reconfortante que los dueños hayan visto con sus propios ojos que su amigo no sufrió al morir, sino que se durmió con tranquilidad.

Los restos del animal

Los propietarios pueden llevarse el cuerpo del animal que ha tenido eutanasia, para poder enterrarlo y rendirle un homenaje. Aunque pueda parecer un acto muy sencillo, sirve para superar el duelo por la pérdida de nuestro amigo.

Algunos centros veterinarios ofrecen la opción de incinerar el cuerpo del animal, y entregar las cenizas al propietario. También los ayuntamientos de la localidad se hacen cargo, en última instancia, de incinerar los animales sacrificados.

La superación de la muerte de nuestra mascota

perro enfermo

La muerte de un fiel amigo, como es el perro, marca a las personas que la viven. En ocasiones, hay quienes comparten hasta 16 años de su vida con el animal. Esta es una gran trayectoria llena de experiencias en las que se estrechan fuertes lazos de amistad.

Es normal que una persona que ha perdido a su perro se sienta triste, deprimida e inapetente. Estas sensaciones forman parte del duelo por la muerte de un ser querido.

En cada caso, las personas asimilan la muerte de sus seres queridos (entre los que se encuentran sus mascotas) de una forma distinta. Quienes pasan por esta experiencia pueden necesitar más o menos tiempo para normalizar de nuevo su vida y sentirse menos tristes.

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