Tu perro y tú: una vida juntos

Ya está decidido: voy a adoptar un cachorro. Ya hace varios años que te dijiste eso a ti mismo. No fue una decisión fácil de tomar, pero sin duda fue una decisión de la que jamás te arrepentirás. Cuando meditas en ello, no puedes dejar de mirar a tu cachorro y  sonreír. Juntos habéis reído, llorado, sufrido y hasta pasado miedo. Se podría decir que ya habéis pasado una vida juntos.

Ahora, después de estos años, estáis tan adaptados el uno al otro, que hasta sois capaces de entenderos con una mirada. Pero eso no surgió de la noche a la mañana, fue un proceso en el que aprender lo que le gustaba a cada uno y lo que cada uno necesitaba del otro.

Empieza vuestra vida juntos

caricia cachorro perro

El primer día que os conocisteis, ambos entrásteis en casa algo incómodos, asustados y sin saber muy bien qué hacer. Estabas emocionado, te encantaba ese lindo cachorro que habías escogido para que fuera tu compañero de piso, tu fiel amigo. Ahí empezaba vuestra vida juntos.

De repente, tu cachorro empezó a mirar toda la casa, a olisquearla cuando de repente… ¡Oh no! Se hizo pipí en la alfombra. Te da pereza tan solo pensar en tener que limpiarla, pero entiendes que es un bebé al que enseñar. Así que como no sabes ni cómo hacerlo, lo coges en brazos de forma amorosa, y le dices con cariño: “No, aquí no se puede hacer pipí“.

Pasan los días en vuestra vida juntos

Ahora que lo piensas, ¡estabas tan divertido! ¿De verdad esperabas que te entendiera? Volvió a hacer pipí una y otra vez sobre la alfombra, hasta que tuviste que quitarla para hacerla resucitar cuando tu amiguito hiciera sus cositas en la calle.

Nunca podrás olvidar esos saltos que daba intentando subir al sofá y a tu cama. Antes de tenerlo, criticabas a tus amigos que tenían mascotas y dejaban que se subieran por todos lados. Pero ahora, tú no podías resistirte a no permitírselo… ¡Es que es tan lindo y está tan limpito!

Lo cogías en brazos para ayudarlo a subir y ponerlo en tu regazo respondiendo a las caricias que te estaba pidiendo. De repente, un día, salta y llega a subir hasta la cama. ¡Te sientes tan feliz! Pero no puedes evitar preguntarte, ¿cuándo ha crecido tanto?

Nunca podrás dejar de recordar ese día en que enfermaste y la ambulancia llegó a casa. Él estaba ahí, junto a ti, en tu cama y no pensaba irse a ningún lado. El doctor te preguntó si mordía para bajarlo de la cama. ¡Jamás ha mordido ni gruñido a nadie!- pensaste.

Pero cuando el doctor va confiado a cogerlo para sacarlo de tu cama, se transformó en otro que gruñía y no era agradable, solo para demostrar que no estaba dispuesto a separarse de ti.

Después de una vida juntos, no puedes vivir sin él

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Cuando miras atrás, ya casi no puedes recordar tu vida sin tu querido amigo a tu lado. Esos largos paseos nocturnos, la alegría con la que te recibe al llegar a casa, las vacaciones juntos. Cuando miras atrás en tu vida, no puedes menos que estar agradecido a tu fiel amigo por toda una vida juntos.

Una vida donde ha habido regañinas, caricias, llantos, miedos pero sobre todo, mucho amor. Si volvieras atrás en el tiempo y tuvieras de nuevo que escoger un cachorro entre todos los que había en la casa de acogida, lo tienes clarísimo: lo escogerías de nuevo.

Se te saltan las lágrimas al pensar que un día tendrás que aprender a vivir sin él, no puedes ni imaginar cómo será el día que ya no esté, por eso aprovechas cada segundo a su lado, dándole todo el amor que merece, porque sabes que llegará un día en que ya no podrás hacerlo.

Y aunque sabes que al llegar ese día sentirás un enorme vacío en tu corazón, también sabes que una sonrisa invadirá tu rostro al recordarlo, al recordar vuestra vida juntos.

Aprende a apreciar lo que tienes antes de que el tiempo te enseñe a apreciar lo que tuviste.

-Anónimo-