¿El último lince ibérico?

Este gran felino estuvo a punto de desaparecer a causa de varias amenazas, como son la caza furtiva, los atropellos de coches, la disminución de la población de su principal presa (el conejo ibérico) y de su ecosistema a causa de la agricultura; se están tomando medidas esperanzadoras para la recuperación de la especie...

El lince ibérico es una de las cuatro especies de lince que habitan el planeta, en concreto la más amenazada de todas ellas. Muchos se preguntan si estamos ante los últimos linces ibéricos o si esta especie de felino podrá salvarse de la extinción.

El lince ibérico: una especie amenazada

Esta especie forma parte vital de la fauna ibérica: más pequeño que sus congéneres europeos, de amplias barbas y pelaje pardo, el lince ibérico es un felino que se alimenta principalmente de conejos y otros pequeños mamíferos y aves.

Antaño, el lince ibérico (Lynx pardinus) se podía encontrar en toda la península ibérica y en parte de Francia; sin embargo, su distribución se vio restringida desde el siglo XX, y en la última década del milenio se calcula que su población descendió en un 50%.

Lince

Esto hizo que en España solo quedaran tres subpoblaciones viables en el sur del país, especialmente en Doñana y Sierra Morena. Su población sería categorizada como en peligro de extinción en 1986 y en peligro crítico, la última categoría antes de declarar a una especie extinta.

¿Cómo llegó el lince ibérico a esta situación?

Las amenazas que llevaron a este felino al borde de la extinción son varias, pero las más destacadas son la caza furtiva, cada día más penada, y los atropellos. Y es que los accidentes con vehículos de motor son una de las mayores amenazas para el lince ibérico, debido a la necesidad de estos animales de cruzar carreteras para buscar alimento.

Otra de sus amenazas es la tuberculosis y la escasa presencia de conejos. El conejo ibérico ha sido afectado por diversas enfermedades víricas bastante desastrosas: la enfermedad vírica hemorrágica o mixomatosis son dos de ellas; aunque existen vacunas para conejos, son muy difíciles de aplicar a estos animales silvestres.

Liebre: hábitos y alimentación

Nuestro consumo diario también está teniendo repercusión en el lince ibérico; en este caso, la ganadería intensiva está desplazando a sus presas y reduciendo su distribución, mientras que el drenaje ilegal de Doñana para cultivo de fresas y otros frutos rojos parece estar matando su principal santuario.

¿Qué podemos hacer para remediarlo?

Una de las principales soluciones que se ha puesto en marcha es el programa de cría en cautividad, que ha permitido liberar decenas de ejemplares cada año al medio natural, muchos de los cuales han tenido crías en estado silvestre.

Otra de las principales vías de actuación ha sido la señalización de puntos negros y creación de los llamados pasos de fauna o ecoductos; estas dos herramientas permiten reducir el número de atropellos, que se salda con decenas de vidas cada año; de hecho, este es uno de los puntos flacos actuales, pues sus atropellos han aumentado en un 300%.

Que nuestra sociedad se posicione contra el maltrato animal y el furtivismo también ayuda, pero, como ya hemos comentado, nuestro consumo afecta a todas las especies: la importancia de nuestro carrito de la compra tal vez sea una de las principales causas de extinción de especies y debemos tenerlo en cuenta.

¿Cuál es el futuro del lince ibérico?

Lo cierto es que a pesar de su delicado estado, existen razones para la esperanza: en 2015 el lince ibérico fue reclasificado como especie en peligro de extinción; es decir, su grado de amenaza ha disminuido, ya que en los últimos 10 años la población ha ido en aumento.

Mientras, en Portugal se ha firmado un pacto de conservación de la especie, y Andalucía y Murcia han establecido un convenio de colaboración para su protección. El programa de cría ha dado sus frutos, y el lince parece estar volviendo a Extremadura y Castilla la Mancha, e incluso ha sido visto por Madrid o al sur de Castilla y León.

Lo cierto es que a principios de siglo apenas quedaban menos de 100 ejemplares, y en 15 años se ha conseguido acercar esa población a los 600. Aún queda mucho por hacer, pero parece que de momento no estamos ante el último lince ibérico.

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