Saltador galés: alimentación y cuidados

Yamila · 10 abril, 2019
El springer spaniel o saltador galés es un perro muy cariñoso, algo caprichoso y desobediente, pero también leal y perfecto para casas con niños; parecido en aspecto al cocker spaniel, es una raza ideal para hogares en la ciudad o el campo

También conocido como springer spaniel galés, es una raza muy cariñosa, activa y ‘sorda’ a las órdenes. En este artículo te contaremos todo lo que debes saber sobre el saltador galés, un bonito perro de aguas.

Historia del saltador galés

No se conoce el origen exacto del saltador galés, aunque si se compara con otras razas de pelaje blanco y rojizo –como los cocker spaniel– podemos remontarnos al siglo XVI. En esa época, muchos cazadores en Gran Bretaña tenían un perro de aguas que les ayudaba a marcar y recolectar las presas.

El springer spaniel galés fue descrito en varios libros y documentos del siglo XVIII, aunque pasaron varios años para que se considerara como una raza. En 1902 The Kennel Club aprobó su ingreso.

Posteriormente, fue llevado a Estados Unidos y reconocido por la entidad americana. Durante la Primera Guerra Mundial la raza estuvo a punto de extinguirse, pero debido al trabajo de criadores entre los años 20 y 30 pudo aumentar la población y asegurar la pureza de la raza.

Características del saltador galés

El saltador galés es un perro ‘cuadrado’ debido a su robustez y al largo de las patas. La altura promedio es de unos 45 centímetros y el peso oscila entre los 15 y los 20 kilos.

Springer spaniel galés

El pelaje de esta raza es de dos colores: blanco y rojizo. Las manchas pueden aparecer en cualquier sitio, de manera indistinta, aunque siempre las orejas son rojas, al igual que los costados de la cara y alrededor de los ojos.

El pelo es corto pero grueso, y muy tupido en la zona de las grandes orejas, el vientre y el cuello. A todos los ejemplares se les corta el rabo cuando son cachorros.

Comportamiento del saltador galés

Se trata de un perro muy activo, cariñoso y leal: demuestra el afecto hacia sus dueños, especialmente a los niños. Puede aceptar a otras mascotas del hogar, pero suele comportarse de forma reservada frente a personas que no conoce. En ese caso también utiliza el ladrido, al igual que lo hace para marcar territorio.

Si bien es rápido para aprender, también puede ser algo obstinado y hacer oídos sordos a ciertas órdenes por parte de los dueños. La enseñanza temprana es fundamental, así como los refuerzos positivos a través de premios.

Algunos ejemplares pueden sufrir ansiedad por separación o volverse destructivos cuando están solos muchas horas al día, o cuando no realizan el ejercicio diario suficiente para agotar energías.

Welsh Springer Spaniel

Alimentación y cuidados

Un saltador galés debe alimentarse según su tamaño y sus requerimientos específicos. Como suelen ser algo apresurados para comer, se puede optar por colocar el comedero elevado y evitar así la formación de bolas de pienso en el estómago o la fatal torsión de estómago.

Debido a que es un perro que fue creado para cazar, uno de los principales cuidados tiene que ver con el ejercicio. Los paseos diarios son vitales, aunque también resisten esfuerzos mayores como carreras o acompañar al dueño mientras anda en bicicleta.

Algunos springer spaniel galés pueden sufrir displasia de cadera en los últimos años de vida (pueden vivir entre 12 y 14 años). Por su parte, son vulnerables a los trastornos oculares, tanto en la córnea como en los párpados; el glaucoma aparece en la vejez y es irreversible.

Debido a la forma y peso de sus orejas, son propensos a las infecciones y a la acumulación de suciedad, de ahí que la limpieza periódica sea necesaria. Además, debido al tipo de pelaje se recomienda un cepillado cada dos o tres días, sobre todo si sale al exterior y se ensucia.

Si buscas un amigo fiel, que te acompañe a hacer ejercicio y esté siempre a tu lado en casa, un saltador galés es perfecto para ti.

  • COTTRELL, B. D., & BARNETT, K. C. (1988). Primary glaucoma in the Welsh springer spaniel. Journal of Small Animal Practice. https://doi.org/10.1111/j.1748-5827.1988.tb02276.x