Las mujeres que luchan contra el tráfico ilegal

Eugenio 8 junio, 2018
Estas féminas van armadas, con ropa de camuflaje y tecnología a disposición para evitar que el furtivismo siga minando las poblaciones de elefantes; estos mamíferos han visto reducida su población en un 40% desde 2011

El tráfico ilegal de fauna silvestre es uno de los negocios más rentables del mundo, y en algunos países hay mucha gente que está dispuesta a todo por hacerse con este rentable mercado. Por suerte, existen mujeres dispuestas a darlo todo para impedirlo.

En algunos países africanos la conservación ha pasado a ser una cuestión de vida o muerte, y una riqueza enorme para muchos países, tanto en dinero como en biodiversidad, que resulta ser digna de defender con tesón.

Las valientes guerreras contra el tráfico ilegal

Hablamos de la unidad Akashinga, que para muchos africanos es un término muy especial: significa ‘las valientes’. Esta unidad de élite formada por mujeres tiene como objetivo defender a los elefantes del tráfico ilegal en Zimbabue.

En este caso, la unidad de élite Akashinga fue creada por la IAPF, la Fundación Internacional contra la Caza Furtiva. Este modelo de conservación de fauna es agresivo, pero muy efectivo contra el tráfico ilegal. Y además empodera a las mujeres en un país con gran dosis de machismo.

Estas mujeres han sido entrenadas para luchar contra el tráfico ilegal y otros delitos contra la fauna silvestre. Armadas con rifles, ropa de camuflaje y tecnología, la unidad Akashinga es imparable.

¿Cómo nació Akashinga?

Los elefantes de la región de Zambezi han visto sus poblaciones reducirse en un 40% desde 2001 debido al tráfico ilegal, por lo que se hacía imprescindible proteger a los elefantes.

Proteger a los elefantes

Afectados por el tráfico ilegal de su marfil, los elefantes africanos de esta zona continuaban decreciendo, por lo que era necesaria una vía de escape: Akashinga fue entonces la solución que diseñó IAPF.

Se seleccionó a madres solteras, víctimas de abuso sexual, viudas, trabajadoras sexuales, huérfanas, o incluso esposas de furtivos encarcelados, para dar una oportunidad a las mujeres más vulnerables de la zona.

Si se quiere acabar con la caza furtiva, hay que buscar una alternativa para las poblaciones de las zonas rurales: resulta paradójico que muchos de sus maridos eran cazadores furtivos de elefantes, mientras que ahora ellas los defienden.

Hay que recordar que, aunque muchos cazadores de elefantes son africanos que conviven con ellos, no son los que compran dichos productos: españoles, americanos o chinos pagan miles de euros que equivalen al salario de un año para una de las regiones más pobres de África.

Animales con colmillos: elefante

¿Son importantes las mujeres para defender a los elefantes?

El proyecto buscaba así proteger esta población de elefante africano fuertemente amenazada, además de ayudar a estas mujeres: hay una creciente evidencia de que empoderar a las mujeres crea una de las mayores fuerzas del cambio en el siglo XXI. De hecho, estas mujeres invierten tres veces más de su salario en la familia que los hombres de la África rural.

Desde la fundación planean reclutar a más de 2 000 mujeres para 2030 y enseñarles todas estas habilidades, que además sirven como defensa personal. A día de hoy la unidad protege casi 350 000 hectáreas, pero planean llegar a 12 millones para entonces.

Por tanto, es posible que en un futuro grandes parches de naturaleza africana estén gestionados y defendidos por mujeres, que también serán la principal vía de sustento de sus esposos y familias: un cambio muy necesario en la África rural y las selvas que la rodean.

Es importante señalar que la conservación de animales salvajes es imposible sin el apoyo a las poblaciones rurales que conviven con esos animales: apenas quedan ya reductos de naturaleza sin poblaciones humanas, por lo que aquellos que conviven con los animales salvajes son los más adecuados para protegerlos.

Esto se aplica a cualquier país y animal: los lobos en el norte de España, el leopardo de las nieves en el Himalaya o los rinocerontes de la India. El mundo rural y las mujeres son necesarios para conservar a las últimas especies del planeta.

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