Kooki, la perra a la que nadie quería mirar tiene una nueva oportunidad

Aun en el siglo XXI seguimos dejándonos guiar por las apariencias. Esta historia tiene algo que ver con ello, pues allá por donde Kooki pasaba, nadie quería mirarla. Sin embargo, como siempre te decimos, a veces las historias tristes tienen finales felices.

Son cientos, miles, los animales abandonados en las calles con diversas enfermedades. Por ellas son juzgados sin tener el mínimo conocimiento de lo que le sucede. Afortunadamente, existen centros y refugios dispuestos a ayudarlos sin ningún ánimo de lucro. Tan solo por bondad y humanidad hacia los animales hace su gran labor.

Esto es lo que le pasó a la protagonista de esta historia, Kooki.

Kooki y su historia

Kooki no sabía qué le estaba pasando. Su pelo se había caído, su piel le picaba y hasta la cara le dolía. Se daba cuenta de que la gente no la miraba, los niños huían de ella. ¡Pero si ella era tan cariñosa…! Antes los chicos la buscaban para jugar con ella, pero ahora algo había cambiado…

No tenía muy claro el qué pero era obvio que no solo se sentía, sino que estaba muy sola. A veces miraba sus patas, tenían un color rojo extraño y se las lamía, pero eran ásperas y sabían mal. A menudo se sentía fatal y ya no recordaba la última vez que alguien le hizo una caricia.

Llegó a la conclusión de que estaba llena de heridas. Pero la gente pensaba que era una perrita que se metía en peleas y esas eran sus heridas de guerra.

Kooki y su rescate

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Fuente: www.upsocl.com

El destino o alguna fuerza superior quiso que Kooki fuera encontrada por un refugio de EEUU y se la llevaran con ellos. El estado de Kooki era realmente lamentable. Pero pronto, tras unos análisis, supieron lo que le sucedía. Su caso era una afección de sarna extrema.

Qué es la sarna

La sarna es producida por un parásito que se infiltra bajo la piel. Este se reproduce gracias a lo que come de tu cuerpo. Mientras camina, va expandiendo sus huevos por doquier. Estos, a su vez, generan miles de parásitos que comienzan a caminar bajo la piel causando un picor horrible que no se puede frenar.

Cuanto más tiempo pase, más aguda se vuelve y más difícil de eliminar. Además, causa estragos en la piel y en la apariencia del animal.

Pues bien, Kooki parecía llevar meses, quizá años, con esa sarna, ya que su estado era extremo. Le había afectado a la cara y no tenía pelaje en la mayor parte de su cuerpo. Su apariencia era más de un perro zombie que de una perrita dulce y tierna. De hecho, hasta ya comenzaba a sufrir problemas respiratorios.

Pronto el refugio se puso en marcha y ordenó el tratamiento veterinario adecuado. Su estado era tan avanzado que hasta tuvo que recibir una transfusión de sangre.

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Fuente: www.upsocl.com

Los médicos achacaron el motivo de su sarna a haber ingerido veneno para ratas mientras quizá andaba buscando algo que comer en la calle. Sea como sea, Kooki tuvo suerte de ser encontrada por alguien que estuvo dispuesta a ayudarla.

Aunque el proceso fue largo y tedioso debido al estado en el que Kooki se encontraba, el tratamiento funcionó. Kooki comenzó a recuperarse. Le comenzó a salir pelo, sus patas volvieron a su forma habitual y su piel dejó de estar roja. Es más, hasta respiraba mejor y su estado físico e interno cambió por completo.

Hoy Kooki es una perrita totalmente diferente. Ahora todos la miran y quieren jugar con ella. Aunque hay algo que no ha cambiado en ella: su simpatía y su bella personalidad. Pero eso era algo que antes muchos no podían o no querían ver.

Esperamos escuchar muchos más casos como el de Kooki e ir frenando poco a poco la plaga del abandono.

Fuente de las imágenes: www.upsocl.com

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