Jirafa de Rothschild: hábitat y características

A pesar de su enorme figura, la jirafa de Rothschild alcanza velocidades de trote de 56 kilómetros por hora, aunque no es tan veloz como el león (80 km/h), su rapidez es impresionante si comparamos su tamaño.
Jirafa de Rothschild: hábitat y características
Cesar Paul Gonzalez Gonzalez

Escrito y verificado por el biólogo Cesar Paul Gonzalez Gonzalez.

Última actualización: 27 marzo, 2022

La jirafa de Rothschild es una subespecie de los peculiares animales de cuello largo, lo cual la hace parte del grupo de organismos terrestres más grandes de la tierra. Junto con la jirafa somalí, son de las jirafas más comunes dentro de los zoológicos, por lo que seguro has vista una en algún momento.

El nombre científico de esta subespecie es Giraffa camelopardalis rothschildi, que pertenece a la familia de los jiráfidos, donde también se encuentra el okapi. Sigue leyendo para conocer más de este gigantesco animal.

Hábitat de la jirafa de Rothschild

Este mamífero de cuello alargado es un habitante de la sabanas desértica, aunque también puede residir en pastizales y bosques abiertos de África. Además, son animales muy selectivos, cuyos arboles favoritos son los que pertenecen al grupo de las Acacias y Combretum. A pesar de ello, se adaptan muy bien a otros hábitats similares, lo cual les ha permitido sobrevivir a los cambios.

Hasta 2018 se conocían 8 poblaciones de jirafas de Rothschild en Kenia y 3 más en Uganda, aunque su hábitat natural solo se restringía a esta última. Durante 1974, debido al gran conflicto que existía con la caza furtiva, se trasladaron algunos ejemplares de esta especia a zonas de Kenia, como una medida de protección. Es por esta razón, que existen algunos ejemplares fuera de su rango natural de distribución.

La lengua de las jirafas es enorme.

¿Cómo es la jirafa de Rothschild?

Gracias a su gigantesco cuello, este animal ostenta el título de uno de los más grandes del mundo, alcanzando los 6 metros de altura y casi 2 toneladas de peso. Aunado a ello, a diferencia de otras subespecies, puede presentar hasta 5 cuernos en su cabeza. Sin embargo, solo 2 son evidentes a simple vista, gracias a su longitud y forma de “antenas” con pelo, mientras que los otros 3 son pequeños y crecen poco con la edad.

Es cierto que no existen muchas diferencias visuales entre las jirafas, sin embargo, un medio eficaz para identificarlas, es gracias a su patrón de manchas y coloración. El cuerpo de la jirafa de Rothschild, presenta colores crema con manchas cafés. Asimismo, sus manchas no tienen bordes rectos (filosos), como en el caso de la jirafa somalí, sino que son bordes redondeados, con líneas divisoras más gruesas.

Comportamiento de la especie

La actividad de esta jirafa es mayor durante las horas menos calientes del día, siendo la tarde y las mañanas sus horarios más importantes. De hecho, la mayor parte de su tiempo lo ocupa en la alimentación, buscando sitios con gran cantidad de hojas para comer. Por esta misma razón, aunque son animales sociables, no siempre se mantienen en el mismo grupo, ya que dependen de que existan recursos para todos.

Alimentación de la jirafa de Rothschild

La dieta de esta especie es herbívora, pues se alimenta principalmente de las hojas de los árboles. De hecho, por esta razón, sus cuellos se han desarrollado tanto, ya que les permiten alcanzar las copas más altas sin problema alguno. Además, sus lenguas también cuentan con algunas modificaciones, entre ellas su gran flexibilidad y longitud, con lo cual, pueden quitar las hojas de la rama con facilidad.

Reproducción de la jirafa de Rothschild

De manera natural, este mamífero alcanza su madurez sexual entre los 5 y 8 años de edad. Es más, esta jirafa tiene la capacidad de realizar una “prueba de orina”, que le permite saber si la hembra es fértil o no. Esto último lo realizan por medio del reflejo de Flehmen, un comportamiento en el que retraen sus labios, para poder detectar las feromonas de sus posibles parejas.

Para las jirafas es importante comprobar que las hembras estén receptivas o fértiles, debido a que solo pueden reproducirse una vez cada 2 años. Por esta razón su sentido del olfato es tan receptivo, ya que les avisa cuando la hembra es fértil y apta. Aun así, su nariz no es la encargada directa de este proceso, sino un órgano especial llamada vomeronasal.

Además, se podría decir que el macho es bastante romántico, puesto que para el cortejo, pide permiso a la hembra tomando su cola con la boca. En este punto, si se acepta el cortejo, la pareja sella el trato tomándose ambos de sus respectivas colas, casi como formando un círculo.

Defendiendo a su pareja

Una vez que la pareja está formada y se realiza el apareamiento, el macho se queda a su lado durante la gestación, para asegurar que nadie más se acerque a su hembra. Aunque esto suena tierno, la realidad es que las jirafas son polígamas, por lo que lejos de ser un acto de cariño, es más un modo de asegurar que la descendencia será suya.

Gestación y cuidados de la cría

Por su parte, las nuevas madres pasarán alrededor de 15 meses gestando a su cría. Los partos toman lugar durante su caminata, por lo que el pequeño cae de una altura aproximada de 2 metros. A pesar de ello, esto no lo afecta en ningún sentido, es más, a los pocos minutos se levanta y comienza a alimentarse de las ubres de su madre.

Las mamás son muy cuidadosas con las crías, por lo que no se separarán mucho de ellas durante el primer mes de vida. Posterior a ello, forman grupos con otras madres del rebaño, con las que crean “guarderías”, donde se turnan los cuidados de todos sus pequeños. Con esto, aseguran que sus hijos estén a buen resguardo, mientras que ellas salen en busca de alimento y agua para recuperarse del parto.

Conforme pasan los meses, las hembras se recuperan del parto y entre 5 y 10 meses después, están listas para volver a reproducirse. Sin embargo, sus hijos alcanzarán la independencia a los 4 o 5 años, partiendo en búsqueda de su propio rebaño, o formando el suyo.

Las jirafas son animales que duermen de pie.

Estado de conservación

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, clasifica a este organismo como una especie casi amenazada. Por esta razón, se encuentran realizando varios esfuerzos por protegerla, reproduciéndola dentro de áreas protegidas. De hecho, hasta el 2010 se encontraba clasificada como amenazada, pero gracias a que para 2018 su población había aumentado, se decidió cambiar su clasificación.

Esto no significa que se encuentre fuera de peligro, al contrario, debería incentivar más acciones para evitar su extinción. Aunque parezca innecesario, la realidad es que fuera de sus áreas de protección, estos animales sufren por la caza furtiva y por el consumo de su carne. Es más, varias localidades consumen la carne de jirafa, sin importar que varias subespecies se encuentren gravemente amenazadas.

Por ello, y para para evitar problemas, algunas medidas alternativas han sido el envío de ejemplares a zoológicos de distintas partes del mundo. Si bien esto parece ser lo menos ortodoxo para su bienestar, estos individuos funcionan como un “seguro” que podría evitar su extinción. Dicho de otra forma, son resguardados en otras partes del mundo, porque en su hábitat natural corren un mayor peligro.

A pesar de todas las controversias alrededor de los zoológicos, lo que no se puede negar es que su papel como protector de diversas especies se cumple muy bien en estos casos. Gracias a estas instancias, si por alguna razón los ejemplares de vida silvestre no pueden ser protegidos, aún se tendrá una última esperanza para salvar a la especie.

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