El horror de los selfies con gibones

Eugenio Fernández · 3 enero, 2019
Para los selfies con gibones se emplean crías capturadas en su hábitat; el gibón de manos claras y de pelaje marrón claro está en peligro de extinción

Los primates de China y otras partes de Asia están amenazados, entre otras cosas por el turismo: los selfies con gibones plantean una enorme amenaza para estos simios tan desconocidos, que se han convertido en la nueva sensación de las redes sociales.

El horror de los selfies con gibones

Los gibones son unos primates muy especiales: sus largos brazos y su canto caracterizan a este grupo de simios, la mayoría de los cuales están amenazados. A la deforestación del Sudeste Asiático, fruto del conflicto del aceite de palma, se suma el uso de estos primates para selfies.

Una de las ONGs que más trabajan contra los selfies con gibones es Gibbon Rehabilitation Project, un centro situado en Tailandia que ha conseguido rehabilitar decenas de estos primates y devolverlos a la naturaleza durante los últimos 26 años.

Y es que en Tailandia los selfies con animales suponen una industria muy importante, y especies como el loris lento o los gibones son víctimas de ello. En estas actividades son utilizadas crías y, al hablar de especies amenazadas, normalmente nos referimos a animales capturados en su hábitat y no criados en cautividad.

Gibón de manos blancas

El gibón de manos blancas, la especie más afectada

Aunque sin duda son varias las especies afectadas por la industria del turismo, una de las protagonistas es el gibón de manos blancas (Hylobates lar), una especie considerada en peligro de extinción que es de pelaje marrón claro, si bien presenta pelaje blanco alrededor de la cara y de las manos, de ahí su nombre.

Al igual que otros hilobátidos, estos primates viven en grupos familiares que defienden sus territorios mediante vocalizaciones y que están compuestos de un macho y una hembra con sus crías, que dedican mucho tiempo al cuidado de estas: se considera que los gibones de manos blancas son maduros sexualmente a los ocho años de edad, y tienen una lactancia de casi dos años.

Esto quiere decir que son animales con una infancia muy alargada y que, por tanto, separarles de su madre es una crueldad. Al ser primates arborícolas rara vez se les puede capturar en el suelo, por lo que normalmente los furtivos disparan a hembras adultas con crías. Con suerte, al caer la madre la cría puede sobrevivir y ser capturada, aunque en ocasiones también fallece.

Phuket, un remanso de paz para la especie

Phuket es una isla de Tailandia y cerca del 70% de su territorio es selva, aunque posee varias playas con cierta fama turística, como es el caso de la playa de Patong. Aunque los gibones desaparecieron de la isla en los 80 por el furtivismo, el proyecto de Gibbon Rehabilitation Project está haciendo que las víctimas de los selfies con gibones y el mascotismo repueblen la isla.

Gibón en peligro de extinción

Desde 1992 han sido reintroducidos más de tres decenas de ejemplares, e incluso son varios ya los gibones que han nacido en la naturaleza. Lo cierto es que el trabajo no ha sido fácil, pues la ONG admite que en sus primeros 10 años de vida las reintroducciones fueron fallidas.

Actualmente los gibones son liberados en Khao Phra Thaew, una zona libre de caza donde se están haciendo labores educativas y de protección del hábitat para garantizar la permanencia de los gibones. La ONG evalúa si los animales son aptos para la reintroducción, ya que muchos llegan con comportamientos estereotipados que lo impiden: en 2012, 19 de los 54 gibones rescatados no eran aptos por estos motivos.

El proceso con estos animales consiste en formar parejas estables en unas jaulas cerca del bosque y, una vez los animales tienen una cría y son capaces de hacerse cargo de ella, se las libera en la naturaleza. Se ayuda a los animales mediante alimento, pero este se va reduciendo poco a poco hasta el punto de que toda la comida que consumen proviene de la naturaleza.

Y así se ha conseguido que animales como Cop, una hembra usada para selfies con gibones en la playa de Patong en 2004, cuando apenas tenía dos años, fuera liberada en 2012, junto a un macho (Jorn) y su cría (Sherpa). Viven tranquilamente en los bosques de Tailandia, lejos de una vida de turismo.