5 diferencias entre lobos y perros

Las diferencias entre lobos y perros, aunque intuitivas, se deben tener en cuenta para no aplicar actitudes poco diferenciadas entre ejemplares. Aquí puedes conocerlas en detalle.
5 diferencias entre lobos y perros
Sara González Juárez

Escrito y verificado por la psicóloga Sara González Juárez el 20 julio, 2021.

Última actualización: 20 julio, 2021

Los perros domésticos se diferenciaron de sus predecesores hace unos 12 000 años —cuando surgió la agricultura— y han sido entrenados para hacer de guardianes de los seres humanos. A medida que ha ido pasando el tiempo, los procesos de selección genética y domesticación han reportado algunas diferencias entre lobos y perros que son dignas de señalar.

Al contrario de lo que se decía hace algún tiempo, a día de hoy algunas fuentes argumentan que el perro doméstico no desciende del lobo, sino que ambos tienen un antepasado común. En este artículo, podrás conocer qué rasgos diferencian a ambos cánidos y cómo aplicar este conocimiento en el cuidado de los perros. No te lo pierdas.

Evolución filogenética del perro y el lobo

Como se decía más arriba, tanto lobos como perros descienden del género Leptocyon, de aspecto similar a los zorros, que existió hace 34 millones de años. De él se ramificaron los géneros Vulpes (zorros) y Canis (coyotes, lobos y chacales), con representantes vivos en la actualidad.

Tanto lobos como perros pertenecen a la misma especie (Canis lupus), siendo los lobos euroasiáticos el taxón Canis lupus lupus y el perro doméstico Canis lupus familiaris. Además, cabe destacar que a día de hoy algunos autores conciben al perro como una especie separada del lobo, es decir, el can doméstico se designaría como Canis familiaris a secas.

5 diferencias entre lobos y perros

Una vez diferenciadas las dos especies —o especie y subespecie— a nivel taxonómico, también es útil conocer las diferencias morfológicas y de comportamiento entre estos cánidos. A continuación, tienes las más importantes.

1. Diferencias entre lobos y perros en la relación con el humano

La domesticación del perro, obviamente, marca una diferencia en la forma que ambas especies tratan con el humano. El lobo es mucho más desconfiado con las personas, puesto que nuestra especie representa a un competidor en su entorno —cuando no un invasor—.

Los perros, en cambio, llevan adaptándose al trato con nosotros desde hace miles de años: sociabilizar con la especie humana está ya impreso en sus genes. Se ha demostrado con creces que estos animales saben leer las expresiones faciales de las personas e incluso tienen comportamientos interespecíficos durante el juego con sus tutores.

Los perros han desarrollado estrategias comunicativas con los humanos que no ponen en práctica con miembros de su propia especie.

Un perro mirando a su tutor.

2. Diferencias en la anatomía

A simple vista, es evidente la gran diferencia que existe en la apariencia entre ambas especies. Los lobos son más estilizados, tienen el hocico más largo que los perros y su pelaje es mucho más áspero. El canis lupus familiaris, además, muestra una apariencia muy dependiente de las razas que el hombre ha ido creando a lo largo de su historia.

La variación intraespecífica entre los perros es mucho más grande que entre los lobos. Por ejemplo, un can de porte pequeño puede no superar más de 10 kilos de peso, mientras que un mastín inglés fácilmente alcanza los 100 kilogramos. Las selecciones genéticas mediante cruces han hecho que los canes domésticos se presenten en todas las formas y colores posibles.

3. Alimentación

La convivencia con el humano ha hecho que el sistema digestivo de los perros esté más preparado para una alimentación omnívora que el de los lobos. Estos últimos toleran mucho peor los hidratos de carbono, ya que son carnívoros estrictos.

Por otro lado, los perros, aunque conservan algo del instinto cazador de su antepasado, no serían capaces de valerse por sí mismos en la naturaleza: dependen demasiado de la protección del humano y se han acostumbrado a obtener energía de fuentes más allá de la carne. Los lobos, en cambio, conservan un instinto de depredación afinado y bien marcado.

4. Diferencias entre lobos y perros cuanto a la comunicación

Los lobos raramente ladran: cuando son cachorros lo hacen para llamar la atención de su madre, pero una vez maduran, dejan de emitir este tipo de vocalizaciones. Dado su estilo de vida, es más útil aullar para comunicarse a largas distancias que llamar la atención en sus alrededores mediante ladridos.

Por otro lado, los perros no tienen esa necesidad de discreción, ya que su sustento y protección están ligados al ser humano. Para ellos, los ladridos son llamadas de atención o vocalizaciones durante el juego. Tampoco necesitan comunicarse a largas distancias, por lo que tienden a aullar menos.

Plasticidad comportamental

La tendencia neofóbica —miedo a lo nuevo— y la ausencia de domesticación del lobo hacen que su capacidad para cambiar de conducta sea reducida en comparación con el perro. Este último cánido se ve condicionado y su vida gira en torno a entenderse con otra especie, por lo que tiene mucha más facilidad para adaptarse a una comunicación ajena a la suya.

Esto no quiere decir que un lobo no pueda aceptar a un humano, sino que tendría que ser este el que se adaptara a la comunicación y organización social del cánido.

Unos lobos en la nieve.

Lobos y perros: ¿2 caras de la misma moneda?

La comparación del lobo con los perros crea una idea subyacente de que el primero es una versión despiadada y cruel de los simpáticos animales que nos saludan al entrar en casa. De todas formas, este concepto no puede ser más erróneo: el lobo no debe ser apreciado por su sociabilidad, sino por su papel en el ecosistema y por su derecho a la vida.

Sin embargo, esto no quita que ambas especies tengan sus cualidades. Mientras que el perro es un miembro de la familia, el lobo es el recordatorio de que los bosques albergan belleza en su propio equilibrio, tan ajeno ya al ser humano.

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