Curiosidades sobre el concurso de belleza canina Westminster Kennel Club

Aitana Bellido · 26 abril, 2018
El sistema de puntuación de este evento carece de lógica en tanto en cuanto se pretende que los canes que tengan aprendidas ciertas capacidades o habilidades, cuando realmente la mayoría llevan mucho tiempo siendo animales de compañía

El mundo de los concursos de belleza canina se rige por unas normas y costumbres que pueden resultar de lo más peculiar. Uno de los concursos más antiguos y concurridos es el Westminster Kennel Club, un evento anual que lleva celebrándose en los Estados Unidos desde el año 1877.

Orígenes y funcionamiento del concurso de belleza canina más popular

En el concurso de belleza canina Westminster Kennel Club se exhiben todas y cada una de las razas reconocidas por la Federación Cinológica Internacional. El nombre del concurso tiene poco o nada que ver con Inglaterra: en 1876 un grupo de hombres adinerados y aficionados a la caza se reunió en el hotel Westminster para comparar las capacidades de sus perros de caza.

A partir de estos debates distendidos en torno a sus animales acabó surgiendo el concurso de belleza canina Westminster Kennel Club, aunque en las primeras ediciones se centró en razas de perros de caza, como el pointer o el setter. El concurso se originó siete años antes que la asociación American Kennel Club, y fue la primera en ser reconocida por este organismo.

La forma de determinar la puntuación de los animales es seguir los estándares de la Federación Cinológica Internacional para, de esta forma, premiar a aquellos que más se acerquen al estándar de raza perfecto.

Competiciones de perros de belleza

En sus inicios, los premios ofrecidos a los concursantes podían llegar a ser revólveres con el mango revestido de perlas, que utilizarían los dueños en sus cacerías.

En la actualidad, el perro ganador se convierte en ‘el perro de América’, lo cual le supone giras nacionales y contratos televisivos, ente otras cosas. El evento se celebra todos los años en el Madison Square Garden durante tres días de febrero, en los que pueden llegar a concursar hasta 2 800 ejemplares. Solo los 5 mejores perros de cada raza pueden participar.

Una forma desfasada de juzgar la belleza canina

Cada una de las razas reconocidas por la Federación Cinológica Internacional y la American Kennel Club cuenta con un dossier propio en el que se enumeran las características que cada perro debe tener. En los perros de caza, por ejemplo, este dossier se centrará en su musculatura, su agilidad, la armonía de su cuerpo en relación con sus extremidades, etc.

Uno de los problemas más sonados de esta manera de juzgar a los animales es que se toman en consideración ciertas capacidades y habilidades que, de acuerdo con los jueces, deben aparecer de forma ‘innata’ en los animales por el simple hecho de pertenecer a una determinada raza.

Perro gran danés

En estos concursos, sin embargo, no se tiene en cuenta que en la actualidad una gran mayoría de estos perros se utilizan más como animales de compañía y que siglos de  hábitos domésticos han podido provocar ciertos cambios.

La endogamia a la que tienden los criadores, más orientados a la obtención de un beneficio económico que a la cría ética de los animales, ha llevado a ciertas razas a sufrir un retroceso, tanto físico como mental.

Los bulldogs, por ejemplo, solían tener un cuerpo armónico y fuerte, pero décadas de endogamia han producido un animal torpe, babeante y tendente al sobrepeso. El gran danés, de apariencia majestuosa y aristocrática, ahora sufre el denominado síndrome de Wobbler o espondilomielopatía cervical (CSM), que engloba diversos trastornos degenerativos neuromotores.

Unidos a los problemas de la endogamia, podemos encontrar incluso operaciones de cirugía estética dirigidas a cumplir con los requisitos exigidos por los jueces de este tipo de concursos. Las colas se cortan, las orejas se delinean y los ‘defectos’ que puedan llevar a una descalificación se subsanan a golpe de bisturí. El apoyo económico e institucional a este tipo de concursos no hace sino legitimar una serie de prácticas que vulneran los derechos básicos de los animales.